Tecnologia

Usuarios de Whatsapp se pasan a Signal, Telegram y otras apps de mensajería

(Escribe Laura Villate) El pasado 7 de enero, el físico y emprendedor tecnológico Elon Musk, primera fortuna del mundo según Forbes, lanzó un tuit: «Usa Signal». Seguramente no todos sus seguidores, siguieron su consejo. Pero lo cierto es que una semana después, la aplicación de mensajería instantánea pasaba de 10 a 50 millones de descargas, según publicaba la plataforma en su Twitter.

En esa misma semana, Telegram, también alcanzaba otro récord al aumentar en 25 millones de usuarios en solo 72 horas. ¿Qué está ocurriendo? Para expertos de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), todo es una reacción al anuncio de WhatsApp que comenzó a circular a principios de año, en el que informaba de cambios en sus condiciones de privacidad por los que anunciaba que compartiría los datos de sus usuarios con su propietaria Facebook para usarlos en todos sus servicios.

Aceptar las condiciones antes del 8 de febrero resultaba necesario para seguir usando el servicio. Pero las reacciones de los usuarios le han hecho dar marcha atrás, y el pasado viernes aplazaba la aceptación de su nueva política hasta el 15 de mayo. Según los expertos, detrás de esta decisión se encuentra el hecho de que cada vez existe mayor conciencia de la necesidad de que se respeten nuestros datos, y el usuario empieza a ejercer su poder.

«Es muy saludable que haya gente que se plantee dejar de usar los servicios de una aplicación para evitar comprometer sus datos», afirma Pierre Bourdin, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC. «Es el poder que tiene el usuario: si amenaza a las grandes compañías con dejarlas si no se respeta su privacidad, su política puede cambiar. De lo contrario, seguirán comerciando con ellos».

¿Por qué opción decantarse si valoramos realmente nuestra privacidad? La respuesta no es sencilla. «No hay ninguna aplicación totalmente segura: eso en el mundo de la informática no existe», responde Bourdin. Sin embargo, una fórmula para orientarnos acerca de qué grado de respeto por la privacidad tiene la aplicación que usamos es informarse acerca de cómo gana dinero esa plataforma.

«Ninguna aplicación es gratis aunque no paguemos por ella con dinero, pero todas, hasta la más sencilla, tienen coste, porque su montaje y mantenimiento necesitan inversión. Puede que la mantenga una ONG sin intención de beneficio económico, pero, en general, necesitan ganar dinero, porque hay una infraestructura para que ese mensaje que enviamos llegue, y estamos hablando de muchísimos millones de euros para aplicaciones de esta escala», afirma César Córcoles, que explica que esa obtención de ingresos puede venir de distintas fuentes, ya sea de los metadatos de sus usuarios, de fundaciones que financien al menos parte del mantenimiento o de otras estrategias comerciales. «De momento, WhatsApp no nos está mostrando publicidad, y parece que a corto plazo no lo va a hacer, pero una manera que tiene de sacar dinero es permitir a empresas que nos ofrezcan servicios mediante WhatsApp», pone como ejemplo.

Otro factor que puede hacer que nos decantemos por una u otra aplicación es plantearse quién está detrás de ella. «En Telegram, es un magnate ruso llamado Pável Dúrov; en otros casos son grandes compañías como Facebook, y también están las aplicaciones como Signal, que mantienen distintas asociaciones relacionadas con la defensa de la libertad. Es importante saber si el modelo de negocio de la aplicación en cuestión es la venta de datos o no», aconseja Pierre Bourdin.