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Un permanente sentimiento de insatisfacción

(Por Tite Vera) La vanidad puede replicarse en varios escenarios de la vida, en diferentes situaciones, diferentes actores y diálogos, pero es vanidad, al fin y al cabo.

El permanente sentimiento de insatisfacción es propio de nuestra generación y probablemente, de las próximas generaciones también. Todas las mañanas nos despertamos con un gran deseo de conquistar un nuevo par de zapatos, una mujer u hombre, un aumento de sueldo, un mejor trabajo, un destino caribeño y también el deseo de conquistar conocimientos.

Conversando con una amiga, profundamente insatisfecha como yo, se me ocurre utilizar una absurda pero no menos real comparación: “Están las personas vanidosas que una vez que ingresan al mundo de las cirugías plásticas, pasan todos los días buscando alguna excusa para aumentarse los senos, rellenarse los labios, afinarse la cintura y redondearse el trasero, estirarse las arrugas o reforestar el cuero cabelludo. En cambio, nosotros los vanidosos de la información, solo queremos más horas para seguir leyendo, conseguir alguna beca para tomarnos algún curso, más memoria para retener información, desarrollar nuevas habilidades pero por sobre todas las cosas, que no quede libre un solo espacio es nuestras vidas para que la mediocridad tome lugar”.

Queremos ser dueños de toda la información, conocer el mundo y conocer todas las ramas de todas las especialidades habidas y por haber. Leemos sobre ciencia, tecnología, comunicación, psicología, religión, política, deportes, astronomía, paleontología, sociología, artes, moda, música y necesitamos tiempo de ocio, para no perdernos un solo concierto o capítulo de nuestra serie favorita.

Queremos ser dueños del mundo pero no nos damos cuenta hasta que caemos al profundo pozo de la insatisfacción, nos revolcamos en el lodo del lamento porque no lo tenemos todo. Vemos como el tiempo se nos va las manos y el acceso a internet no es suficiente, porque no solo se trata de los teórico, sino también de lo práctico, y llevarlo a la práctica implica tiempo y habilidades, pero no todos tenemos todo.

Mientras tanto repito a mis insatisfechos permanentes de conocimiento, que no nos conformemos, pero reconozcamos nuestras limitaciones, de espacio y de tiempo. Disfrutemos de los pequeños placeres que el conocimiento nos ofrece y sigamos trabajando en aplicarlos de la mejor manera. No los invito a conformarnos con lo que hay porque sería una gran incoherencia, no forma parte de nuestra vanidad; sino que los invito a hacer lo que más nos gusta, con pasión.