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Todos fuimos víctimas de la Dictadura

(Por AldoBe) En los últimos 10 años, el Estado paraguayo destinó 98 millones de dólares para pagar en concepto de indemnización a 6.193 ciudadanos paraguayos por ser considerados víctimas – junto con sus hijos y herederos- de la dictadura de Alfredo Stroessner. A 25 años de la caída del dictador, es muy poco, en comparación, lo que se hizo a nivel judicial, para castigar a los represores del régimen, en tanto que el Estado desangra a los contribuyentes para mantener, hoy, hasta a los hijos y nietos de las víctimas.

Sabemos las nefastas consecuencias que tuvo para nuestro país la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989). Mientras un puñado de gente que se benefició con el régimen sigue disfrutando de sus tierras mal habidas, de sus fortunas basadas en a todo tipo de corrupción, existe un gran número de desaparecidos, muertos y torturados. Pero la dictadura no solo tuvo consecuencias para las familias de estos desaparecidos, muertos y torturados. La dictadura fue un mal que se ramificó y jodió la vida a todos los paraguayos, salvo, claro está, a los favorecidos por el sistema. La herencia de un paupérrimo programa educativo, una pobre cobertura médica, a nivel nacional, y el efecto cultural, son apenas tres elementos que dejó el régimen y que afectaron a toda la Nación.

Estoy de acuerdo con un resarcimiento económico para las víctimas directas. Aquellas personas que fueron torturadas, privadas de su libertad o exiliadas; que padecieron la violación de sus derechos humanos. Ellas sí merecen recibir algo de dinero. No creo, en verdad, que esta situación sea una verdadera justicia, aunque al menos, sería un intento de compensación. No obstante, lo que me parece un absurdo es pagar ¡a sus hijos y herederos! En todo caso, que el Estado recupere lo que se robaron los stronistas y que de esto, les otorgue lo que les correspondería.

La Ley 3.603 de 2006 establece el desembolso para las víctimas de la dictadura y determina el pago a los cónyuges de las víctimas que siguen con vida y a los parientes consanguíneos hasta el primer grado (es decir, los hijos). Durante el gobierno de Fernando Lugo, se amplió la ley, haciendo que los herederos también puedan acceder al reclamo de este dinero. A mi criterio, el Estado paraguayo no puede hacerse cargo de los hijos o herederos de las víctimas. Considero un despropósito destinar casi 100 millones de dólares del dinero de los contribuyentes paraguayos para mantenerlos. Mientras el Estado desangra a TODOS los contribuyentes paraguayos, destinando 10 millones de dólares (desde hace 10 años) a pagar a hijos y herederos y víctimas de la dictadura stronista, es muy poco, en comparación, lo logrado a nivel judicial, a pesar de que se cuenta con un frondoso archivo del horror.

Creo absolutamente que nada puede compensar la muerte de un ser querido. Por eso, antes que mantenerlos, lo mejor que puede hacer el Estado paraguayo es tratar de darles un poco justicia para los hijos de los desaparecidos durante la dictadura. No será una recompensa, supongo, pero al menos, serviría de alivio para el alma. La dictadura de Stroessner es una historia cruel, que nunca debería ser olvidada en Paraguay. Pero un cuarto de siglo es suficiente tiempo como para levantarse y mirar de frente como sociedad o como país.

El “aichingaranguismo”, el recurrir al caudillo del barrio para recibir un remedio, la mediocridad intelectual y cultural, la pobre gestión educativa, los sindicalistas que mataron el sindicalismo, los grupos denominados “terroristas” que secuestran, matan y tratan de “liberar” al pueblo, los más un millón de paraguayos en extrema pobreza, la estructura estatal montada para la corrupción. Todas estas situaciones son consecuencias morales de la dictadura.

Paraguayos y paraguayas fuimos y somos víctimas directas de la dictadura. No solo las víctimas reconocidas por el Estado paraguayo, y sus herederos, sufrieron las consecuencias del autoritarismo. Pero ya es tiempo de mirar para el frente y ver cómo lograr un Estado que se administre de manera eficiente y saludable; y que este logro beneficie a todos por igual, porque al fin y al cabo todos somos paraguayos y todos vivimos la misma historia.