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Sui Generis: hubo un tiempo en donde el rock era hermoso

Es indudable y hasta intachable el legado de Sui Generis para el rock sudamericano actual y el rock progresivo mundial que vio evolución desde los años 70.

Si busca usted un análisis, le invito cordialmente a abandonar este link. Esta publicación es sobre el descubrir y la razón de ser de las obras que se hacen perpetuas sin permiso de nadie, y con permiso de todo el universo.

En la Argentina caótica de los 70 -y saltando a la censura política y social impuesta- se inicia una revolución poética y rítmica desde el dúo conformado por Charly García (piano, teclados, guitarra acústica y voz) y Nito Mestre (flauta, guitarra acústica y voz), inmortalizados en las placas: Vida (1972), Confesiones de invierno (1973), Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974), Adiós Sui Géneris – Parte I (1975), Adiós Sui Géneris – Parte II (1975), Adiós Sui Géneris – Parte III (se edita en 1996), Sinfonías para adolescentes (2000), Si – Detrás de las paredes (2001).

Nito y Charlie. Fotografía vía Revista Ñ.
Nito y Charlie. Fotografía vía Revista Ñ.
Hubo un tiempo que fue hermoso. Hermoso para aquel rock and roll que combatía algo, capaz no sabía muy bien qué, pero combatían por sobre todo, al olvido del virtuoso sobre la poca historia contada desde creaciones auditivas, más allá de shows con pantallas enormes o de shazam o spotify para el click & play.

La historia de ese rock -¿es rock por como suena o rock por como nos pretende sacar el alma por la boca?-, la historia de Sui Generis se remonta a una desde un secundario privado de Caballito, donde se conocieron Charlie y Nito, y capaz tampoco sabía que estaban inaugurando una época de descontrol ante el sistema, donde el say no more convertía a éste estilo-textura músical en un objeto de masas, un objeto cultural que salía del under para arrasar radios-impresos-tv, y estadios con más de 25mil personas que, para la época, era multitud y no macana.

Hoy, es muy fácil escuchar Sui Generis. Pero en aquel tiempo hermoso, era otra cosa. Los álbums Vida y Confesiones de Invierno reflejan un espíritu generacional de rebeldía, logrando eso sin programas de radio especializados, sin canales de música especializados, sin medios-blogs-páginas de internet, y sin discográficas especializadas en “especializar y encajonar” el rock and roll. Alguna vez alguien le preguntó a Charlie por la marca del teclado que usaba, Charly le respondió: “¿Y vos que lápiz usás que te salen tan buenas las notas?”.

Con Sui Generis se pasearon con Mercedes Sosa, Cerati, Paez, ensamblaban los que se les cantaba, recibían millón de pesos argentinos, conciertos de más de dos horas y media, y el tiempo hizo flash, las despedidas en Luna Park se volvieron como citas exclusivas de un tiempo que no volverá.

Hits a cataratas en tiempo récord, y la sorpresiva desintegración de la agrupación que, 25 años después volvería a llenar un estadio para volver a decir adiós ¿Adiós a llenar estadios? ¿Adiós a aquellos hippies ya adultos? Adiós a una máquina cultural que hasta el día de hoy capaz y no haga dormir a Charlie y Nito.

¿Y qué nos queda a quienes disfrutamos hoy día de éstas obras? Nos queda vida e instituciones por seguir moldeando. Más allá de la música de Sui Generis como banda sonora del día a día en la hedionda sociedad globalizada tratando de hacerse hueco en el Río de la Plata que encuentra a los países de Argentina, Paraguay, y Uruguay, sin símbolos y sin íconos actuales de aquel rock and roll que se hizo flash, y se esfumó en tiempo y espacio, para convertirse en una sombra constante para los bis que, a duras penas se convierten en singles escuchables, de hits ni hablar.

“La sociedad tiene dos formas de combatir: la represión y la absorción. Al rock lo absorbió y lo convirtió en un artículo de consumo” decía Charlie a Página/12, hace dos décadas y algo, en lo que podríamos llamar la prehistoria del rock progresivo sudamericano.

Capaz ésta historia empezaba a escribirse en un adiós en algún primer track lleno de sinceridad del álbum Vida. Hubo un tiempo, en el que el rock era hermoso.