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Sobre pasaportes y el derecho a viajar

(Por Violeta Camarasa para Globalvoices) Pasaportes: técnicamente, solo son una hoja de papel. Tan valiosos como el oro o insignificantes como… bueno, el papel (o ni siquiera eso, si aún no fue emitido). Puede convertirse o no en una especie de polvo mágico que nos permite volar y disfrutar de la libertad básica de mudarnos, estudiar y trabajar en el exterior, y también aprender idiomas, viajar y conectarnos con diferentes personas de todo el mundo. Estas acciones son esenciales en un mundo globalizado y nos permiten adquirir el derecho a ganarnos la vida y desarrollar plenamente nuestro potencial.

La libertad de mudarse, el derecho a dejar cualquier país, incluido el propio, y luego regresar se contempla en la sección 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Sin embargo, en la realidad, solamente un documento de identidad, un pasaporte y, en última instancia, una visa pueden otorgar a una persona el derecho de visitar o residir en otro lugar distinto a su lugar de nacimiento.

Pero otros se encuentran en situaciones extremas y deben cruzar la frontera para salvar sus vidas sin contar con visas, pasaportes y a veces ni sus necesidades básicas. Viven una historia completamente diferente de lo que significa viajar.

UNA VISA ¿QUE ES ESO?
En general, aquellos con pasaportes poderosos en sus manos no son conscientes de los problemas que tienen algunos para viajar. “Gracias a mi sexy pasaporte, siento que el mundo es mío para viajar sin siquiera pensar en visas, e incluso si tuviera que hacer una solicitud, nunca imaginaría que la fueran a rechazar”, admitió la escritora Elisa Marvena, que tiene un pasaporte español, que se encuentra en el tercer lugar del Índice de Pasaportes de Henley.

Es más fácil entender lo que padecen los demás cuando te casas con alguien menos privilegiado, como en el caso de Tori Egherman. “Casi siempre es fácil viajar con un pasaporte estadounidense. Además soy blanca, lo que lo facilita incluso más, pero mi pareja nació en Irán, y casi siempre que viajamos juntos nos preguntamos qué nos esperará en la frontera”, explicó Tori.

EN BUSCA DE LA LIBERTAD.
Están los que tienen “pasaportes dorados”, y quienes tienen pasaportes menos resplandecientes, bañados en miedo, enojo y frustración. No sorprende que en todo el mundo, la gente busque miles de formas para intentar obtener esos pasaportes “dorados” y ese “polvo mágico” para cruzar la frontera y también para gozar de una vida más decente y libre en el mundo.

La escritora Salma Essam Sherif de Egipto, país afectado por el ascenso de los grupos islámicos violentos y extremistas que agravaron la islamofobia y, por injusta asociación, perjudicaron a toda persona con pasaporte árabe en el mundo. “En muchos países, incluido el mío, es normal que los jóvenes se esfuercen por emigrar y reunir los requisitos para obtener otra ciudadanía que les brinde un pasaporte más privilegiado. Hay quienes se casan con personas que tienen pasaportes del “primer mundo”, e incluso algunas mujeres viajan a Estados Unidos, Canadá, etc. para dar a luz y así obtener un pasaporte para sus hijos”.

Laura observa lo siguiente: “Todo esto es muy irónico y contradictorio. La verdad es que somos activos líquidos del mundo que circulan; nos regula algo tan artificial como la frontera. Quienes inventaron las fronteras deciden quiénes son ciudadanos del mundo y quiénes no”.

No existe nada más aleatorio y más radicalmente determinante para la vida de una persona que su lugar de nacimiento. Un pasaporte o visa no es algo que ganemos como fruto de nuestro propio esfuerzo, sino algo que depende de la suerte. Y solo hay una regla con la suerte: debemos estar agradecidos y ser conscientes de ella. Ser consciente de lo privilegiados que somos, de los problemas injustos que padecen otros viajeros y de que todos tranquilamente podríamos estar en el lugar del otro. ¿Cómo podemos hablar de un mundo globalizado y conectado cuando ser un ciudadano del mundo aún es un privilegio de unos cuantos que se basa en las limitaciones de la mayoría?