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Sobre la tesis de la polémica: la educación nos define

Es mucho más que un cliché hablar de la precaria y triste situación de la educación en Paraguay. Desde hace años estamos posicionados en los niveles más bajos de calidad educativa.

Hoy, llama la atención de todos, un episodio más de este martirio. Pero esta vez no son las masas, los derrumbes o los reclamos ciudadanos, si no la burla y el morbo; la víctima, una joven que presenta su tan soñada y esperada tesis a una Universidad sin acreditación que no le pudo ofrecer más que confusión y pobres conceptos.

Se magnifican los errores de la investigación pero ¿cuál es el problema mayor?

No es la falta de habilitación de la Universidad, los orígenes de sus fondos o el criterio de la investigación. No es el egoísmo de la estafa o el pobre análisis. En este lugar, el delito más grave es el desprecio de las políticas públicas hacia el derecho universal de una educación digna.

No es Ysanne la que duele; duele el Paraguay.

Decia Rubem Alves que “La educación consta de dos partes: la educación de las habilidades y la educación de las sensibilidades. Sin la educación de las sensibilidades, todas las habilidades carecen de sentido.” Uno necesita tener una educación ligada con la vida. Porque es para eso que uno aprende, para poder vivir mejor, para tener más placer, para tener más tiempo, para no arriesgar, para enfrentarse a la vida con valores, habilidades y sensibilidades.

La educación nos define, nos construye, nos convierte en mejores ciudadanos.

Lo más triste de este episodio, no son los conceptos equivocados de los que se mofan propios y extraños si no la miserable educación de nuestro país que obliga a miles de jóvenes a soñar con la educación sin poder alcanzarla. Una historia de gobiernos toscos con sus ciudadanos que no permiten adquirir habilidades ni acceder a una educación digna.

¿Podemos ver esta realidad y compadecernos no solo de Ysanne, si no de los tantos jóvenes en su mismo lugar?

El rezago de la educación en Paraguay es de antaño y ha ido en aumento, treinta y cinco años de negación a un pueblo educado han calado hondo en nuestra idiosincrasia, la democracia nos ha abierto muchas puertas pero aun, a pesar de ella seguimos carentes de lo mínimo.

No hace falta ir tan lejos, a veinte kilómetros de Asunción, los libros y los docentes no llegan a todos.

Siempre disiento con las personas que buscan magnificar los errores de los demás de una manera negativa. Las equivocaciones son necesarias, porque nos hacen notar la forma en la que no debemos continuar, nos indican cual no es el camino y nos invitan a escoger uno propio distinto, mejor. Equivocarse es importante para crecer.

Siento en mi alma el dolor que ha de sentir Ysanne, en cómo pudo la alegría tan inmensa de terminar una carrera, convertirse en esta pesadilla que hizo pública la realidad escondida de muchos estudiantes y jóvenes que como ella, buscan educarse, crecer, superarse y se encuentran con la avaricia, el egoísmo, la burla y la estafa de quienes tuvieron mejor suerte.

Me duele mi país, sus niños y sus jóvenes, porque nuestra educación no nos permite ver, expandirnos para ser mejores y cuidarnos entre hermanos.

Este sentir me recuerda a Kundera cuando escribía: “no hay nada más pesado que la compasión, ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongando en mil ecos.”

Como siempre repite mi padre: más ignorante es aquel que se burla de la ignorancia de los demás.
Cuanta verdad.