Conciertos

Rock In Santo: Catupecu Machu no vivió

Pasó mucho tiempo, desde aquel Ciudad Rock del 2010, la nueva edición del festival presentó lo que se arraiga desde hace años: la violencia en el pogo. Las bandas locales que se presentaron en Rock in santo (Ciudad rock II) fueron: Nunchak, Villagran Bolaños, Flou; mientras que Argentina estuvo representada por: Catupecu Machu, y La Mancha de Rolando. Problemas en bambalinas, problemas en el sonido, problemas por todos lados, en fin, este post en un problema, aún me pregunto por qué lo estoy publicando.

“Una mala noche para el rock” afirma Ultima Hora Digital, “Lamentable festival de rock” y “el día más oscuro del rock” sentencia Abc Digital, . Titulares que, quedan corto, ni sé que titular le voy a poner a este post, capaz sea algo como “el peor concierto de la historia de Catupecu Machu fue en Paraguay” o “chetos putos chetos putos por su culpa se paró el concierto” o “Catupecu Machu dejando un japiro de recuerdo”.

Llegando a las instalaciones de Palacio Quesada, todo era brillante, sector vip, cervezas, sector auspiciado por dark dog, etc; la organización de Radio Venus y “Sama” (Partes Iguales) se veía fenomenal… pero no era más que una ilusión. El festival (como de costumbre, y más) arrancaba casi cuatro horas luego de lo pautado; La Mancha de Rolando, que probó sonido demasiado tiempo… empezaba la incomodidad detrás de escenario. La banda Antenna anunciaba que no tocarían “es una falta de respeto, la vez pasada tocamos con un sonido de la gran puta, y ahora tocar así sería un bajón” me decía Barry (bajista de la banda, y amigo de la casa).

Siguiendo, casi tres horas después, arrancaba el show, por fin… eran los Nunchak, banda nueva, sonido nuevo, por ser primera vez se entiende lo que no se entendía cuando tocaban (más allá del sonido), rock experimental, y muchísima polenta (de esas que faltan en algunas bandas de mucha trayectoria). Pasando rápido, subían los zombies.

Eran los Villagrán Bolaños, demostrando lo que debían, Miky (voz) animando a la gente (que cansada y desaminada necesitaba energía), provocando a la gente como se debe (es rock carajo o se fueron a verle a Sabina?), el otro Miky luciéndose en guitarra, mientras la otra guitarra de la banda se mandaba solos dignos de “inserte adjetivo exclamativo explosivo”. “Se vienen los zombies”, dedicada a Samaniego y a la organización, puteada sana, para un sábado que se iba yendo a la bien puta. Ojo, estos se mandaron un cover de Led Zepellin, queremos Villagrán Bolaños para rato.

Le tocaba el turno a la mancha, pero acá hablamos de los locales primero, se presentaba Flou, acostumbrados a escenarios de tamaño maratón y tamaño gym. No se vió nada nuevo, y más allá de que se notaba en sus caras la incomodidad, dieron lo que saben, hasta Walter gritó como nunca, hasta quedarse casi sin voz (cosa que viene pasando de forma continúa), hicieron cantar y corear a toda la gente.

Los de la Mancha, admito, nunca fuí fan ni seguidor, pero en el concierto del sábado, demostraron ser la banda más profesional, fuera de mala organización o pésimo sonido. Agradecían al público en cada tema, se hacían chistes entre ellos arriba del escenario, disfrutaban de la luna que los alumbraba a todos en la misma noche. Se despedían de manera gentil, y prometían volver en breve.

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Siendo casi las 5 de la mañana, recibiendo al sol, subían a presentar el Mezcal y La Cobra. Fer y cía, desde el primer tema incómodos, tanto, por fallas en la seguridad, como en la reacción del público. Igual, sonaron sus mejores temas, en 25 minutos de show: “Seguir viviendo sin tu amor”, “Metrópolis Nueva”, entre otros inundaban lo que Fer Ruiz Diaz no quería decir “no empujen, no es la valla que tenía que ser. Y acá un guardia cagó a trompadas a un chico, y está mal. No estamos pasando una buena noche”. Tanto la banda, como muchos de los que estabamos, nos sentíamos mal, brilló el público no rockero violento, que eran menos de veinte personas, pero lo suficiente para que uno salga herido, con la cabeza rota.

Bien por Fer, suspendió el concierto, agradeció a todos, y se mandaron mudar, como se debe. Fuera del cachét de la banda, demostraron que además de música, cuidan a sus seguidores, muchos queríamos más, pero la violencia dijo basta. Gracias Catupecu, nos vemos la próxima.

Salía el sol, y la noche se venía para un año casi perfecto en la historia del rock en Paraguay.