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Religión, política, y la mujer con miras a las Elecciones Presidenciales Paraguay 2018

(Por Lilian Soto; Kuña Pyrenda) El grupo Pueblo de Dios inscribió candidaturas en la ANR. Y lo hizo como grupo religioso, inaugurando un fenómeno que no sabemos dónde podrá culminar en nuestro país. ¿De qué se trata este fenómeno? de la mezcla entre religión y política, que en todo el mundo se ha mostrado como explosiva y arrasadora de derechos, sobre todo de los derechos de las mujeres.

Basta con mirar lo que sucede alrededor. Los Estados que se han convertido en teocráticos –gobernados por hombres pertenecientes a religiones, liderando u obedeciendo a líderes religiosos-, tienen gobernantes portadores de la “palabra de dios” y con ese discurso liquidan todo aquello que se opone a sus modelos de sociedad. Y en esos modelos un elemento central es la sumisión de las mujeres, su confinamiento a la reproducción, su papel secundario en la vida pública.

La presentación en la ANR del “pueblo de dios”, nos muestra que eso también existe en Paraguay. Mujeres con vestimentas cerradas, polleras largas y velos en las cabezas. ¿Es esta una obligación? ¿Las mujeres de este grupo están compelidas a llevar hábito blanco y velo blanco? ¿Incluso si son solo niñas? Cuál es el lugar que ocupan las mujeres en este grupo religioso que hoy se presenta con una disciplina casi militar a inscribir candidaturas? Y todo bien si hay gente que decidió que ese es su modo de vida y quiere andar por la vida vestida de esa forma, por hablar solo de un aspecto visible. Pero habría que averiguar, por ejemplo, cuánto de voluntad existe en eso para las mujeres y cuál es su capacidad de decisión. Y además, tener claro que cuando la supuesta misión es la “evangelización”, la intención es imponer esa forma de vida a los demás.

Es ingenuo pensar que estamos ante escenas pintorescas. No. Estamos siendo testigos de cómo podría empezar en nuestra sociedad algo que otras ya están viviendo. Y necesitamos tener la suficiente capacidad de análisis para entender lo que se juega cuando los fundamentalismos religiosos se apoderan del poder político. Y en lo que perdemos las mujeres cuando los “iluminados del señor” gobiernan una sociedad.