Conciertos

Red Sound 8: La Musica Electrónica a todo calor

Energía desbordante en el Red Sound 8, queda claro que el frío no importa cuando la música da calor. El área de contenedores del puerto de Asunción se convirtió en un festival de sorpresa, tanto para los propios, como para los que le dieron pila a las 16 horas de música salpicada a más de 14mil personas.

Debo reconocer que no soy amante de la música electrónica, era mi primera vez en un Red Sound… y ampliamente es un festival, ya que no solamente era montaje gigante, sino que temático: área de juegos (tipo parque infantil), área de fans, pistas de baile, y 3 escenarios, con más de 20 artistas en su salsa. Había que ser necio para no reconocer la vibra que iba juntando esta industria musical.

Utilizando el recurso de la experimentación, varias almas no solamente danzaban-saltaban-gritaban, sino que “¡vamos a comer pizza!”, el RS8 también tenía cantina (de morfi). La logística más grande que vio el Puerto de Asunción. Y si esto es siempre con la música electrónica, bueno, se ganaron un fan, o varios muchos miles de fans.

Al ingresar al predio dónde se desarrollaría el Red sound uno veía de todo, me asombraba cómo muchas señoritas iban al megafestival con una remerita y una pollerita ¡boludo, hacían 13 grados! (ahi pegadito del río Paraguay) …después me di cuenta que este tipo de gente puede soportar el frío a base de danzas-gritos-saltos, y me aconsejaba la antropología que, mejor andar pegados bajo el frío y bailando, que andar abrigados y separados. ¿Supervivencia? ¿Podríamos llevar a la electrónica al punto de estilo músical que genera fans y descontrol? El alimento rock and roll y pop que se mezcla en su adn, lo confirma, y lo confirma en esa gente poca abrigada, pero que tenía calor, demasiado calor a juzgar por la ropa interior que encontrabas caminando por la pista frente al escenario que quedaban varadas a la suerte por designios de la suerte o la mala potencia de las lanzadoras (sí, de esas ropitas que vuelan en los conciertos de Aerosmith, o Guns).

Despedían al sol y a la tardecita los djs nacionales, locales, de acá, capaz alguno sea de tu barrio o de tu boliche de preferencia: Peque Jermolieff, Victoria Mussi, Carlos Acosta, Julio Sotelo, Alex AQ, Manu Gonzalez, Guille Preda, JorSaccarello, Pasto, Silvio Mattio, Osi Leith, P. Lopez, Dj Kwak, Murilo Oliveira, Ariel Gomez.

El show en escenario principal, el cual tenía ese algo más de la música, que no importa cual sea el estilo o la forma de representación, ese show lo dio Sean Paul. Ese mismo día me enteré que Sean era Jamaiquino, que el había nacido en Kingston, y que su música suele invadir varias radios locales con Get Bussy. De Solveig me comentaron que hasta había participado con el ícono del pop: hablamos de Madonna; y hasta uno de los Djs había ganado un Grammy y que su nombre era Sharam (o su apellido), ya no importaba en ese momento saber quienes o que venían a hacer, ya que lo que estaban haciendo era un festival, algo así como dignificar el uso de la palabra “festival” en cuanto a conciertos y eventos de envergadura inmensa se refiera.

Volviendo al show de Sean Paul, nada no pensado, todo sincronizado, bajo luces imponentes casi monstruosas, y parlantes que, aunque fueses el más fiel metalero vikingo o punk inglés o chica emo, mismos parlantes hacián que tus piernas se muevan y que tu cabeza por momentos salga de órbita, y ni que decir si a eso le sumás la cerveza, y gente con quien compartías sin saber si los conocías o no. Todo acompañado de energía, de esas que no sabes de dónde sacaban algunos para bancarse más de 10 horas con el consiguiente baile-gritos-saltos-; esto permitía a los artistas, así como al mismísimo Sean Paul jugar con el remix, y hasta con sus bailarinas y que las mismas jugaran con el público, y la conciencia de este entre temas ya globales como el de los terroristas del Harlem Shake, o aquel baile del caballo de PSY ¡uop uop uop uop!

Una frase que me quedó de la noche: “¿Y ahora qué hacemos?”, “finiquitemos los vasos, vos vas para allá, y yo al otro lado, total hay diversión en todas partes, pero vos tranquilo, que viene tu novia, las minas a mí…”, me decía un amigo fotógrafo mientras se choreaba unas frías de mi mesa. Y es que al salir del lounge Miller te topabas con lo dicho arriba, un desfile de chicas dando guerra al frío a flor de piel (y con razón sobrevivimos a la triple alianza), algunas en la pista, otras en los juegos. ¿Y los chicos como iban? bueno, algunos parecíamos sacados de esos documentales de History Channel, abrigados como osos polares, al re pedo.

Se acercaba la medianoche, varias cervezas después, asumía el reto de seguir la corriente y no romperla, el británico Taio Cruz. Martin Solveig hacía aparición ya en la madrugada fría, pero caliente en la pista, Ready to Go, y la gente no se iba a ningún lugar, se quedaban y hacían lo suyo: ser fans de la música electrónica, o de la música, o de la mina que bailaba sexy, o del tipo que te invitaba cerveza, o de emular ser fotógrafo entre tantas luces de colores cuan noche estrellada con música de todas partes.

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El primer Red Sound se había realizado en el año 2005, 8 años después, esa energía que arrastraba un cupo de gente, se transformó en opción de adrenalina, necesaria para gritar y bailar, cantar y sudar, y disfrutar el guiño a esos primeros años en un parque infantil, que en este caso, era un parque adulto, con sus reglas, y también con sus decisiones propias, y quiebres mentales, en estilos, forma, y representación.

La rebeldía la dió el calor de la música en una noche muy fría. El día domingo tuvo un sólo ganador, y fue la música electrónica. Un destello que deja de lado hasta a los organizadores del show, así como a los que producen el estilo, el destello de domingo da puntos a que la música no está muerta, y seguirá viva, sea cual fuese la forma. Los aplausos, los gritos, los coros, los saltos, los “subime a tu hombro”, los “atajame mi abrigo, muero de calor, mi escote es sexy”, todo eso no pueden fallar, el asombro, la sorpresa y la euforia desatada, tampoco.