Conciertos

Quilmes Rock 2012: Foo Fighters contra la lluvia para brindar un conciertazo

La apertura de la segunda fecha del Quilmes Rock 2012 estuvo a cargo de la banda nacional Massacre,
tocando un setlist de 8 temas. Entre ellos su hit que data del año 1994 Plan B: Anhelo de Satisfacción;
un magnífico cierre con Ana de Almendra y un pequeño tributo a Gustavo Cerati con Lago en el Cielo,
en donde Walas lo recuerda unas tres veces.

Aproximadamente a las 16:15 de la tarde, Mario Pergolini presentaba la banda que para mí sería una
gran revelación en el escenario: Cage the Elephant. Un rock desaliñado que recuerda al grunge y sobre
todo un sonido de garage, un vocalista enérgico con un parecido físico a un mini Kurt Cobain y Beck; que
sin problema alguno se mandó tres mosh, entre un público al que al parecer cayó bastante bien. Siete
temas bastaron para presentar sus dos discos de estudio y dejar por sentado que la tienen clara en el
escenario.

A continuación, se presentaba por segunda vez la mítica guitarra y voz femenina de los 80’s, ex The
Runaways: Joan Jett, acompañada de su banda The Blackhearts. Si Madonna es la reina del pop, Joan
Jett a sus 58 años y con más de 30 años de carrera, es la reina y diosa del punk rock. Con 100% actitud
presentó 8 temas, tocando sus hits –y agradezco estar viva para presenciarlos en vivo- I love rock n’ roll,
I hate myself for loving you y Cherry Bomb; además de presentar un tema nuevo Reality Mentality.

Ya avisados de que llovería en unas horas –sin imaginar la magnitud de la lluvia que se vendría-, le
tocaba el turno a TV on the Radio, otra gran y grata sorpresa para el festival. El setlist de 9 temas
hizo énfasis en sus últimos dos discos; una propuesta de post-punk, soul, indie rock en donde los 5
integrantes son protagonistas del escenario, llevando al público a un viaje de puro placer, luces y
colores.

Este es el instante en que la gente empieza a volverse completamente loca y se apresura a alcanzar un
lugar al frente porque es uno de los momentos más esperados.

Se apagan las luces, sale humo, la gente comienza a corear “Ole ole ole oleee Arctic, Arctic” y aparecen
uno a uno: Alex Turner, con su campera de cuero y su jopo engominado con los brazos arriba
saludando, Jamie Cook, Matt Helders y Nick O’Malley. Cada uno a sus instrumentos para dar lugar a los
primeros acordes de Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Moved Your Chair, quinto tema de Suck it and see.

Listo, la fiesta comenzó. Personalmente tengo que decir que fue uno de los pogos más difíciles que me
tocó. O se saltaba en masa o no se saltaba. Los Arctic Monkeys presentes en Argentina por segunda vez,
ofrecieron a mi parecer un setlist bastante reducido, no por la cantidad de temas, sino que esperaba
más temas de sus primeros discos, que me parecen infaltables, como Mardy Bum, 505 y Dancing Shoes.
Pero los chicos de Sheffield vinieron a demostrar que están mucho más maduros, con temas de Suck it
and see, el B-Side de la canción homónima y su último lanzamiento R U mine?

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No así dejando de lado los temas que todos queríamos escuchar y saltar hasta perder la conciencia:
Teddy Pickers, Brianstorm, The view from the afternoon, I bet you look good on the dancefloor, Still
take you home, Do me a favour, When the sun goes down y por supuesto Fluorescent Adolescent.

Con una lluvia moderada todavía, un tímido y casi inentendible Alex Turner –su inglés británico es muy
cerrado- y sus 3 compañeros nos trajeron un show lleno de indie brit rock y diversión, dejándonos con
ganas de más y a la expectativa de otro próximo concierto. Ojalá no se hagan esperar mucho.

Los monos del ártico dejaron el escenario y se vino el diluvio. Por aproximadamente media hora, que
pareció una eternidad, el cielo decidió ser parte del festival que estaba a punto de acoger por primera
vez a los Foo Fighters sobre suelo argentino y deleitar a 40.000 personas por una segunda noche.

No me alcanzan las palabras para explicar lo mal que la pasamos bajo esa lluvia incesante. Al principio
sólo nos mojábamos de la cabeza a los hombros, era algo soportable; pero de pronto empezamos a
sentir las piernas y pies mojados, las manos comenzaban a arrugarse y los temblores aparecían. No
estoy exagerando, fue ahí que la situación dejo de ser divertida. La gente a mi alrededor se empezaba
a poner incómoda, implorando que no se suspenda el show. En un momento, la lona del techo del
escenario se rasgó y cayó un enorme chorro de agua detrás de la batería que luego Taylor Hawkins
estaría tocando. Fue ahí que el estoico público empezó a corear “¡No nos vamos nada, que nos echen a
patadas!”.

A eso de las 21:15 el escenario y la gente es sorprendida por un juego de luces y los primeros acordes de
All my life comienzan a sonar. La sorpresa y emoción de que el show no comience igual al día anterior
(el cual lo hicieron con Bridge Burning y esta segunda noche no la tocaron, lastimosamente) fueron
recibidos grata y violentamente como corresponde.

El setlist impecable, con cambio de piezas respecto al día anterior, hizo que este segundo día sea
especial, si le sumamos la tormenta y el hecho de que tocaron con todas las luces del Estadio
Monumental prendidas.

“Antes de salir nos dijeron que por la lluvia se iba a romper todo, que el escenario no iba a aguantar,
que el techo se estaba viniendo abajo y que las luces se rompieron en la tormenta. Pero no nos importó,
pedimos que prendan las luces del estadio y… ¿saben qué? Agradezco eso porque los pude ver a todos
ustedes. A veces cuando las cosas vienen mal, es cuando mejor terminan saliendo. Y esta noche terminó
siendo una de las mejores”

Esa fue la pequeña introducción que Dave Grohl dio a uno de los temas más esperados de Wasting
Light: These Days, la cual dijo ser su canción favorita del grupo y la canción de la noche que me hizo
lagrimear.

Las infaltables Monkey Wrench, Big me, Breakout, Learn to fly, The pretender, My hero, Best of you;
las sorpresas que no tocaron el día anterior Enough Space, For All The Cows y Up In Arms; el cover de
Pink Floyd de The Wall, In the flesh? que unas semanas atrás Roger Waters estuvo interpretando en ese
mismo lugar, hicieron de la tormentosa noche una para el recuerdo.

Uno de los momentos más memorables de la noche es cuando le toca el turno a Cold day in the sun,
canción que es cantada por Taylor Hawkins. Tras el coreo del público “Drum solo, drum solo” Dave

accede a tocar la batería, cosa que no hizo la noche anterior. Cabe resaltar que la gente, incluida yo, se
volvió completamente loca. ¡Era Dave Grohl tocando la batería! ¡El batero de Nirvana boludo! Quiero
contarle esta anécdota a los hijos de mis hijos. Innolvidable.

Y como no podía faltar, para el cierre de la noche, Joan Jett es invitada para tocar Bad Reputation, tras
un pequeño monologo de Dave en donde hace un cierto homenaje a la diosa del punk diciendo que es la
heroína, y que si no fuera por ella Foo Fighters no estaría ahí esa noche.

“Señoras y señores, déjenme explicarles como funciona. Un músico hace música, y luego otro músico
escucha esa música, así sucesivamente y se abre una puerta. Es una larga línea de músicos inspirando
músicos. Afortunadamente esta noche tenemos un músico que abre la puerta e inspira a todos nosotros
para tocar rock n’ roll… y su nombre es ¡Joan fuckin Jett!”

Para finalizar la noche y el mejor fuckin desastre que Foo Fighters haya tenido (palabras del propio
Dave, haciendo referencia a los problemas técnicos de la noche) y prometiendo no esperar otros 17
años para volver suena Everlong.

Definitivamente uno de los conciertos que dejó una marca, además del barro en los pies, el frío, la
lluvia, los moretones; pero sobre todo rock n’ roll. Creo que las 40.000 almas salieron esa noche con las
expectativas superadas y habiendo vivido una noche histórica, para el recuerdo.