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Por qué Paraguay no sale de la guerra fría

(Por Julio Benegas Vidallet) Paraguay es un enclave norteamericano en Sudamérica. Quedó, en el discurso y en sus relaciones, pegado con cola de zapatero a ese oscuro pasado de relaciones subterfugias, minadas por la delación y el horror. Quedó pegado a la Doctrina de Seguridad Nacional, aquella organizada en Estados Unidos en los 50 contra el “avance del comunismo”. Fue su alumno más aventajado, pero un miembro casi pordiosero en el reparto de la torta. En el marco de esa doctrina, Paraguay fue campeón en “la lucha anticomunista”. Una estatua en la Plaza de la Libertad portaba un cartel de la Liga Anticomunista del Paraguay. El cuco del comunismo le sirvió al régimen de Alfredo Stroessner no solo de cobertura para destrozar guerrillas y los cuadros de la dirigencia comunista sino que, también, para corralar cualquier reclamo social. Sus militares se especializaban en “técnicas de vuelo” y tortura en la Escuela de las Américas. Desde ese tiempo, Estados Unidos definió el marco ideológico de las Fuerzas Armadas, en tanto que acá se convertían en una casta poderosa de poderosos negocios de frontera.

A la sombra del discurso, se organizó una casta que acumuló tierras y se enriqueció con el contrabando. Siete millones de hectáreas regaló a jefes militares, policiales, partidarios y hacendados brasileros el gobierno de Alfredo Stroessner. Así resolvía “la crisis oligárquica” que arrastraba el país la Guerra del Chaco, nos dice el sociólogo, ex canciller, Jorge Lara Castro.

En el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, el régimen estableció carnales relaciones con Taiwan, la isla en la que se refugió el general Chiang Kai-shek durante la revolución china, en 1959. Una avenida hermosa en Barrio Obrero y una estatua en honor.

Antes, en 1948, durante el gobierno de Higinio Morínigo, Paraguay volteaba las elecciones en las Naciones Unidas en favor de la creación del Estado de Israel en Palestina.

Del término formal de la Guerra Fría (ese tiempo en que la URSS y Estados Unidos se disputaban el mundo) ya han pasado 23 años. Tras la caída de la Unión Soviética, el mundo ya conoció la unipolaridad casi inapelable de EE.UU. Conoció el neoliberalismo, una forma de acumulación y de extracción de recursos que provocó, aparte de enormes riquezas, desigualdades insospechadas. A fuerza de nuevas demandas sociales, desde el año 2.000 América del Sur da giros importantes. El eje Sur-Sur planteado por Brasil se ha consolidado ahora con el Bric (Brasil, Rusia, India y China), un nuevo polo de poder. En el caribe se consolida el ALBA, con Venezuela y Cuba a la cabeza.

Las nuevas oleadas en el Sur consisten básicamente en mayor retención y mayor distribución de la riqueza producida en los países. Es una reestructuración de negocios.

Esta reestructuración de negocios es la que le da a Bolivia –por ejemplo- la posibilidad de gestionarse un tele esférico entre la Paz y el Alto, carreteras, la pensión para la vejez, el avance en la escolarización y en materia de salud, entre otras cuestiones.

Pero Paraguay, por el contrario, refuerza su relación con Estados Unidos, Israel y el Plan Colombia, además de mantener su vínculo con Taiwan en un momento en que China aparece como un gran jugador mundial.

En paralelo –y como axiomático- refuerza el saqueo neocolonial. El ex-presidente Horacio Cartes hizo gala de ello con su “usen y abusen” de Paraguay como una “chica linda”.

Paraguay tiene la más baja tasa impositiva de la región y los salarios reales más bajos e inestables. Estas cuestiones que debieran preocupar sobremanera a cualquier gobierno son presentadas por el poder como “la gran oportunidad de inversión”. Y quienes se oponen son considerados por sus operadores cibernéticos como “zurdos de mierda” y “comunistas miserables”.

¿Alguien le contó a esta gente que la Guerra Fría ya terminó?