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Las placas que nos quedan son las libertades que nos faltan

11 de mayo, una fecha que sin duda, forma parte de la historia de la lucha secundaria a nivel país. Aquel miércoles, alumnos del Colegio Técnico Nacional (CTN) realizaron un acto que simbólicamente tiene demasiadas implicaturas, removieron una placa con el nombre del Ex Dictador Alfredo Stroessner y con ello removieron aquella afirmación que todos hacían anteriormente, que era la de que “el estudiante sólo debe enfocarse en tener buenas notas”.

Como toda acción, tuvo reacciones de diferentes sectores, pero lo más llamativo era aquella postura de quienes hablan de “la forma” en la que se procedió, catalogando el acto como “vandalismo” por tratarse de un supuesto patrimonio del Paraguay.

Pero, ¿qué define que algo sea un bien patrimonial? Básicamente, los bienes patrimoniales están definidos en la ley 946/82 que es la que circunscribe las obras realizadas durante el siglo XIX y algunas relacionadas con la Guerra del Chaco en el siglo XX. Pero, se entiende como patrimonio –según la ley 3051- que es el conjunto de bienes y sitios provistos de altos significados para el desarrollo y la memoria.

Los patrimonios son la encarnación de los valores éticos y cívicos de una sociedad, representan por excelencia cultura, historia y esencia enmarcadas en bienes. Por lo tanto, si nos ponemos a pensar quién fue Alfredo Stroessner, basta con sólo googlear para entender que en esa época todos los que pensaban diferentes literalmente apeligraban sus vidas. Se podía dormir con la puerta abierta… Pero con la boca, la consciencia y la dignidad cerradas, sin derechos, sin democracia.

La figura de Stroessner representa exactamente lo contrario a lo que se define como patrimonio, el vandalismo real fue en contra de todos nosotros ya que durante ese gobierno y ese régimen autoritario nunca se veló por un verdadero progreso del pueblo (matanzas, vigilancia, espionaje, y más atentados a derechos humanos), sino de unos pocos que hoy son quienes prácticamente manejan a su antojo nuestro país. También, no se puede dejar de mencionar el sistema educativo mediocre que hoy los secundarios impugnan abiertamente, porque creen en los cambios.

Dicen que un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla, pero acá no se trata de olvidar un hecho, sino de poner las cosas en su lugar, ¿Acaso antes que recordar a un tirano no resultaría más loable recordar la hazaña estudiantil de este mes de mayo, mes de patria, que significa una verdadera cohesión social rememorando no sólo una lucha sino el inicio de una nueva etapa para la historia paraguaya?

+F en este caso, citando el Manifiesto de Córdoba que expresa en cuanto sigue: “Desde hoy contamos con una vergüenza menos y con una libertad más. Los dolores que nos quedan, son las libertades que nos faltan” hace un llamado al despertar ciudadano, a la comprensión de que aquella placa de la vergüenza por todo lo que significó y significa era símbolo de una nación aún sumisa ante ese sistema inorgánico.

Retirar una placa que constituye un dolor que tenemos como país jamás puede atentar contra un patrimonio, significa mucho más, es una reivindicación, un grito de libertad que se impone ante una estructura que día a día nos hace sus siervos.

Que el problema no es la placa como objeto, sino que es el dolor que hay detrás.Por ello, las placas que nos quedan, tangibles o no, siguen siendo las libertades por las que debemos seguir luchando desde esta isla rodeada de Tierra.