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Soy el Uno: Orgasmatron

Anduve con muchas vueltas para escribir algo esta semana. No estaba encontrando sobre qué y no me ando caracterizando por redactar sobre temas de actualidad. Mi excusa estaba en que hay un montón de gente que lo hace y mucho mejor que yo. La costumbre esta de escribir no se me pega aún, pero bueno. Mba’e jajapota, si esto quiero hacer, tengo que meterle.

Y para terminar con esta breve introspección, diré que si los blogueros o afines escribimos sobre cuestiones de actualidad es porque esa fuerza llama “evento” o “noticia” nos lleva por delante, nos metemos a nadar en esa agua y nos aguantamos. Nos aguantamos a la Papa manía y a la Papa fobia.

José Saramago, escritor portugués, decía que si bien pare el Dios no existía como espíritu universal manejador de los hilos del mundo, si lo hacía como idea en la cabeza de las personas y que esa idea era una que inspiraba toda su literatura, una muy crítica con el Señor Todopoderoso.

¿Quién soy yo entonces para negar la potencia de esa idea? ¿De ese poder mundial e histórico que hace más de 2 mil años está presente? O como suelo hablar con mis amigos, por eso hablamos de las estructuras de poder y los sistemas poder: son S-I-S-T-E-M-A-S donde lo que yo, individuo, piense o no tiene poco que hacer, ellos existen igual, no les calientan si a mí me gustan o no. Solo les calentara si, aparte de que no me gusta el sistema, me organizo con otros para cambiarlo.

Es ahí donde aparece lo que Gramsci denominaba el bloque histórico: ese conjunto de organizaciones de poderes dominantes económicos, civiles y políticos que, en momentos dados, se unen cuando su hegemonía se ve amenazada por crisis objetivas o la movilización de los sujetos históricamente desplazados.

Ojo, no creo que el Papa Francisco tenga el malévolo plan de dominar al mundo (al menos no él), solo que su gira de rock star mundial en Latinoamérica puede ser estudiada con una mirada política… Porque al fin y al cabo el Vaticano es un estado pero, más que eso, representa a una institución presente en las más altas decisiones mundiales desde que Constantino legalizo el cristianismo, Justiniano unifico al imperio romano en una religión, las luchas medievales entre reyes, los Tudor, los Borgia, los Luis XIV y etc… Hasta llegar a un Papa progre, de palabras interesantes que, entre otras cosas, fue mediador para la apertura de las relaciones EE-UU/Cuba, después de más de 40 años de bloqueo económico.

En un planeta Tierra con problemas ecológicos y humanitarios, con guerras y poderes de facto que hacen lo que se les antoja, deja a la gente pensando si es que todo lo que nos vienen diciendo en discursos producidos y reproducidos por medios de comunicación cada vez más potentes es verdad: “hay que cambiar un par de cosas en el mundo”, “la tecnología sustentable es la solución”, “cuando hay crisis tenemos que salvar a los bancos”, “la iglesia nos salvara” y demases bolaterapias.

Los discursos que buscan la calma de gente con condiciones de vida cada vez peores y que repiten varias veces al mes un “hendy cavayu resa” siempre existieron. La propia crisis sufrida por la Iglesia Católica con las denuncias de curas pedófilos y medidas un poco vergonzosas como pedir perdón hicieron que, esa tan mentada autoridad moral se les vaya cayendo de las manos (como cuando intentas atajar arena en el puño y ves como, inevitablemente, se te caen los granitos).

Teniendo en cuenta esto, me parece, que es interesante mirar con atención a la movida de traer un Papa latino, progre, sonriente y carismático. Nadie puede negar estas cualidades del actual sumo pontífice. Que todos los gobernantes se sienten a hablar con él y que le pidan consejos, desde Obama hasta Raul Castro, no es poca cosa.

Pero no hace falta ver a tan altos líderes mundiales y sus reacciones ante The Pope Francis I. La histeria en nuestra sociedad paraguaya no la logra ni la selección (bueno, quizás no fue el mejor ejemplo) ni que se esté haciendo vito de billetes de 100mil. La gente está con que el Papa es lo más, que es una mierda, que ni ahí están con él, en fin… El punto es que no deja a nadie indiferente, y, si bien es cierto que es difícil quedar indiferente con unos medios que te meten a Francisco hasta en la champanera de birra, la cuestión pasa más por la figura religiosa y que bah, política.

Porque el máximo jefe del Vaticano es un líder político mundial, cuya figura representa a una entidad con intereses específicos que se extienden por todo el globo. Esta institución juega el juego de tronos y forma parte de ese bloque histórico o, al decir del cover de Sepultura, ese Orgasmatron, que no supo enfrentar las desigualdades del sistema, que mueven fichas aquí y allá, mientras hay cada vez más pobres, y menos ricos más ricos.

Que el ahogo por el marketing papistico no sirva solo para insuflarnos de espíritu de paz o llenarnos la boca de puteadas o escapar. Que sirva para verlo como un actor de tantos otros en este mundo donde domina el Uno, el Orgasmatron, ese que no sabe qué hacer con nosotros, aún con todo su poder.