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Ni bien cayó la cúpula Policial por un millonario negociado con combustible, saltó a la luz el supersueldo de una “secretaría VIP” que trabajaba incluso 27 horas al día, y otro grado de indignación nos arremete con la supuesta puesta al revés de una bandera paraguaya en un acto oficial. Sin contar la guerra entre narcos -que mata a gente inocente en el interior del país- el verdadero problema no es que la bandera esté al revés. Ahora mismo, el país está al revés. Cuando parece que ya no hay posibilidad de que una situación de corrupción pueda sorprendernos, aparece un nuevo caso. En este sentido, el Paraguay es una usina emprendedora de nuevas maniobras para el fato.

Mientras en el departamento de San Pedro -donde la pobreza aumenta a la par que la inseguridad y el miedo- las comisarías de la zona sur se quedaban sin poder intervenir por falta de combustible y el lamentable estado de las patrulleras, un suboficial de la Policía -encargado del área de distribución de combustible de toda la comandancia- sacaba su flota de vehículos de última generación, se paseaba por el mundo con su familia y compraba una casa de ensueño para su fin de semana, en Sanber.

Lo del suboficial Roberto Osorio fue apenas la punta del iceberg. Investigaciones periodísticas rápidamente desnudaron toda una rosca funcionando en la Policía para quedarse con los cupos de combustible, y también con la inseguridad de mucha gente. El esquema fue tan grande que no había forma de que todo el sistema solo pudiera operar gracias al suboficial Osorio. Pocos días después, y ante las evidencias periodísticas y de los investigadores del caso, la fiscalía no tuvo otra que imputar al mismísimo comandante de la policía, comisario Francisco Alvarenga, que no es el mago como Guido en las canchas, pero se nota que la mueve en las finanzas. El comisario Alvarenga aparece como dueño de estancias y casas en el interior del país, y sus hijos fueron sorprendidos cuando querían retirar lujosos vehículos de un departamento que se presume, también es de la familia.

De acuerdo con lo que establece el Presupuesto General de Gastos de la Nación, para este año se destinarán Gs. 15.000 millones en el rubro combustible en la Policía Nacional. No es poca cosa, y muestra a las claras el porqué es tan jugoso hacerse responsable del manejo de este rubro en la Policía.

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A este caso hay que sumarle lo de la “secretaria VIP”. Una joven de nombre Liz Paola Duarte Meza apareció con un jugoso salario mensual como secretaria del contralor, Óscar Velázquez. Como para tratar de justificar los G. 25 millones de promedio mensual que percibía Duarte Meza, desde la Contraloría informaron que la funcionaria ganaba ese dinero por las horas extras realizadas. Haciendo los cálculos, la secretaria hacía 27 horas de trabajo por día. Una luz que ridiculizaba inclusive a las paupérrimas 24 horas diarias de las vidas y cotidianidades de los comunes mortales. La consternaciónciudadana y la gran indignación del pueblo paraguayo se vieron reflejadas en las redes sociales, en donde, obviamente, la ciudadanía paraguaya se hizo sentir una vez más. La justicia, a su vez, ya hizo lo suyo para que ambos casos vayan al limbo de la corrupción: oparei.

En el caso del negociado de los combustibles, el único que paró hasta ahora con sus huesos en la cárcel de Tacumbú fue el suboficial Osorio, probablemente, el eslabón más frágil de todo el esquema. Los más altos jefes policiales ya tuvieron “medidas sustitutivas” a la prisión. Con relación al caso de la “secretaría VIP”, un diputado le pidió la renuncia al contralor Velázquez o de lo contrario, solicitará un juicio político contra quien debe, en teoría, promover el manejo transparente del patrimonio público.

Mientras todo estos sucesos se llevan la atención de los que estamos por Asunción y Central, entre los departamentos de Concepción y Amambay una guerra entre narcos genera miedo y muerte. Personas acribilladas a plena luz del día, asesinatos por encargo, sicarios, y todos los condimentos que hacen de estas tierras una zona que parece estar al merced del narcotráfico y su guerra sucia. Y a este escenario, por demás devastador, hay que sumarle la anemia ciudadana. La anestesiada ciudadanía que no despierta de su letargo para reclamar -más allá de unos posteos- una solución a este Gobierno de Cartes que se muestra en llamas. No se pide desde estas líneas que el presidente resuelva y desarticule un esquema tan perverso como los laberintos de corrupción en la esfera estatal, anclado desde hace años en el corazón del sistema público paraguayo, pero se pide al menos enviar un mensaje claro de que la corrupción será castigada cuando se la detecte. Hasta hoy no tenemos ni eso.

Para cerrar, la otra indignación: Una bandera paraguaya, colocada supuestamente al revés en el Ministerio del Interior incluso motivó artículos periodísticos. Más allá del hecho llamativo y anecdótico, para mí, al menos, esto no representa nada, más allá de la imagen metafórica de nuestra realidad. Policías robando combustibles y comisarías sin patrullas que no tienen cómo moverse, funcionarias que ganan diez veces más que cualquiera, grupos mafiosos tomando las fronteras, niños mendigando por las calles, pueblos indígenas arrasados.

Señores, el país hace rato está al revés. La bandera apenas sí lo representa.