ConciertosMúsica

Metallica en Paraguay: The Day That Finally Came

(Por Wilberto Jara) Ya pasó, ya fue, ya todos hablaron de Metallica en Paraguay. Ya pasaron varios días de la histórica presentación en el Jockey Club de Asunción… sin embargo, en mi memoria todavía están todos los recuerdos bien vívidos de la noche del 24 de marzo del 2014, una noche que empezó varios meses antes, mejor dicho, varios años antes, incluso más de una década y media antes.

Un chico que no tenía acceso a internet (Inet era todavía un lujo, en donde el Dial Up era dominante, y había que pagar cerca de Gs. 500.000 por una velocidad de 10 Kbps. Napster gobernaba internet, junto con Yahoo, Altavista y Yagua.com en Paraguay), escuchó por primera vez un disco de portada de color negro, era sólo negro, no tenía nada escrito, porque la impresión era una fotocopia de mala calidad y no se distinguía nada, le dijeron que ese se llamaba el “Black Álbum” de una tal banda, Metallica.

Al chico no le gustó cómo sonaba el disco, pero lo grabó igualmente en su computadora con 4 Gb. de capacidad, en formato .wav. El álbum ocupaba casi 1 Gb de la capacidad del disco duro, pero igual lo dejó ahí para conocer un poco sobre esa banda, que tanto llamaba la atención en MTV, y en Fox Kids, por la promoción de varios temas, entre ellos Whiskey in the Jar, Until it Sleeps y The Memory Remains. Los videos aparentemente causaban mucha polémica en esa época, por la fuerza del contenido visual, en especial en Turn The Page, tema que mostraba la vida de una prostituta.

Un par de años después el chico ya consiguió la discografía completa de la banda, vió por primera vez en VHS el concierto completo del “Cunning Stunts” realizado en Texas, qué decir, más qué le voló la cabeza.

Años posteriores, vió cómo MTV le rendía tributo en un “Icon”, en el cual participaron también varias de sus bandas favoritas de la época. Siguiendo con la línea de tiempo, empezó a rebuscarse en el Mercado 4, entre “Pikeitor Records”, “Best Music” y “Crash Music”, para encontrar VCDs, y si tenía mucha suerte, algún que otro DVD de los conciertos del grupo.

Finalmente, internet estaba al alcance de la mano, y el chico ya estaba un poco mayor, en un lapso breve pasó de jóven a adulto (y adúltero), el chico se seguía impresionando con la performance de la banda, esta vez, a través de YouTube, quien le proveía de suficiente material audiovisual para captar todo aquello que ni siquiera era capaz de imaginar, años atrás.

Las puertas estaban abiertas a las 17:00 horas, el muchacho estaba redactando unas notas en el laburo, y cuando terminó se dio cuenta de la hora, la ansiedad lo consumió por completo, empezaba a sudar y sus piernas no paraban de moverse, necesitaba estirarse cada 3 segundos, saltos, gritos y brazos en el aire. Salió de la oficina a las 17:30 horas.

Dos años antes, el muchacho oyó uno de los miles de rumores que había acerca de varias bandas que nunca pisaron Paraguay, entre ellas, aquella banda que ocupaba medio gigabyte en su disco duro de 4. “Hasta que estén en el escenario no lo voy a creer”, decía el jóven.

“Hasta que estén en el escenario no lo voy a creer”

Los chicos de La Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura hicieron su aparición, aplausos, “O Fortuna”, aplausos, “Quutamo”, aplausos, “5ta. Sinfonía de Beethoven”, aplausos, “Nothing else matters”, coros y ovación, algunas lágrimas de orgullo. De La Tierra apareció, sonido potente, pero un poco lento, los muchachos se comportaron, y hasta hicieron un mega mosh con el tema “Cosmonauta Quechua”.

21:25: Sonaba la grabación de “Long way to the top” de AC/DC. Con la cantidad de conciertos de “la banda de aquel disco negro” que el muchacho ya vió, sabía que era el momento que estaba esperando. Audiovisual: los miembros de la banda haciendo alusión a la votación de los fans, que ellos se encargarían de interpretar en vivo. Chistes, frases épicas, el recordatorio a Lars que tome clases de batería.

The Ecstasy of Gold: Los enormes leds desplegados en todo el escenario mostraron aquella legendaria escena de “The good, the bad, and the ugly”.

“Hasta que estén en el escenario no lo voy a creer”.

Arpegios de la intro de un disco icónico, gritos desaforados, piel de gallina, caos emocional. ¡Pum, Battery! “Los estoy viendo, no lo estoy creyendo”, cada golpe de la batería se sentía en la piel del muchacho, que saltaba de felicidad, de éxtasis, empujaba, lo empujaban, trataba de respirar, gritaba sin mucho sentido, dado que su voz se apagó con el primer grito desaforado, sólo salía aliento. Sus ojos se abrieron tanto, tanto porque no podía creer lo que estaba frente a él, eran ellos, ellos.

Eran aquellos con quiénes él se inició en el mundo del metal, en el mundo de la música, eran aquellos que nunca iban a venir, aquellos que ya giraron por todo el mundo, aquellos que se convirtieron en íconos vivientes. Ellos.

Cada músculo gritó con el muchacho, cada exhalación fue un “gracias” constante, cada golpe fue un recordatorio de vida, cada caída, fue una muestra de que no estaba en el cielo, cada grito fue una ovación de las cuerdas vocales, cada lágrima… cada lágrima fue la expulsión de tanta paciencia.

Ese muchacho, se convirtió en más 40.000 durante más de dos horas y veinte minutos, ese muchacho también fue uno de las decenas de miles que vio a Metallica por primera vez en Paraguay. Ese muchacho, soy yo, sos vos, somos los que fuimos al Jockey aquel 24 de marzo, somos los que tampoco fuimos, o los que nos quedamos afuera. Historias más, historias menos, el cuento de este muchacho puede replicarse en miles, y aún así, se puede resumir en una palabra: gloria.

El artículo me tardó mucho escribir, hasta ahora, todavía no pude ordenar tantas ideas en mi cabeza, tantos sentimientos, tantos recuerdos. Pero espero, que como yo, estés leyendo esto con la idea de que ese recuerdo ya no se borrará, nunca, aquel día, el día que por fin llegó.

Are you alive? Keep fuckin’ rocking!