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Cierto es que entre leer y hacer deporte hay quienes prefieren lo segundo. -Muy su libertad – Es lógico que quienes prefieren el desarrollo de sus músculos descuiden en cierta medida, la robustez de su cabeza. (Dicho esto sin ningún ánimo de ofender) Pero hay también quienes están obsesionados de tal modo por la lectura o la escritura, que el ejercicio físico les parece intrascendente y mas allá de lo estrictamente saludable para no caer en el sedentarismo, prefieren ejercitar su cerebro más que sus músculos y esto es naturalmente, muy su gusto también.

Cuando nos etiquetamos, etiquetamos a otros con nuestros conceptos de lo que somos o de lo que queremos ser. Si decimos que somos amantes de los libros, por profesar el amor por la lectura, lo que decimos realmente es que como lo dijo Eric Fromm, en “el arte de amar” no se puede aprender a amar si no lo deseamos realmente por ello, pedirle a alguien que ame a los libros (o que nos ame a nosotros) es pedirle demasiado, si los libros (o nosotros) estamos muy lejos de ser el motivo de su entusiasmo o de sus intereses vitales.

Para leer con gusto, es necesaria una libre disposición. Los pensadores más copados desde Voltaire hasta Savater, concluyeron que la única limitación de la libertad de una persona es la libertad de los demás. Aun más genial fue el apotegma del que hizo su pilar la doctrina de San Agustín: “Ama et quod vis fac” ( ama y haz lo que te dé la gana). Pero aquí hay un drama de conceptualización de la libertad – que dá muchos problemas – porque nos erigimos en clasificadores de las libertades de los demás decidiendo qué libertades están permitidas o son sanas y cuales no.

Por ejemplo, en sus crónicas presidenciales Norman Mailer escribió: “Si bien es cierto que no tiene nada de atractivo el ver como una gran proporción de gentes se destruyen a sí mismas, debe reconocerse que el derecho de autodestruirse es también uno de los derechos inalienables porque los demás no pueden conocer la razón que le asista a uno para autodestruirse

En este sentido, podemos escoger libremente nuestros placeres, podemos beber o no beber, fumar o dejar de hacerlo, y por supuesto: podemos leer o no leer, según nos plazca.

[quote align=’left’]Cuando algo nos gusta de verdad, realmente rara vez sabemos por qué…[/quote]No siempre podemos responder porque nos gusta algo, porque cuando algo nos gusta de verdad, realmente rara vez sabemos por qué. En realidad ni siquiera nos hacemos esa pregunta, nos gusta y nada más, asa como dijera Savater ” solo eso importa cuando la pasión manda” es eso lo que sucede con quienes gustan de la lectura, nadie les impone sencillamente lo hacen porque les dá la gana. O en realidad así debería ser.

La lectura debe ser ofrecida como una afición y no como un hábito, porque si el propósito es cuasi religioso y tiene que ver con acumular lecturas como se acumulaban indulgencias entonces a ver a qué adolescente convencemos de que leer es genial.

Si el único propósito de leer es acumular libros y la única consecuencia de ello es volvernos vanidosos y arrogantes; porque todo lo sabemos y somos únicos y siempre mejores que los demás entonces el asunto resulta mas vulgar que sublime, es mas aburrido que distractor y ningún adolescente que se respete aspira sinceramente a ser del tipo aburrido y petulante. Y si es así, y si esto sigue pasando siempre, entonces ¡por favor no leas!

Ser lectores no significa que debamos convertirnos en unos engreídos. Es del todo natural que los chicos entiendan que si esto es lo que hacen los libros huyan espantados y corran por sus vidas cada vez que les presentemos la idea de leer un libro.

A fin de cuentas, leemos porque nos gusta y no por competencia. Así también poner a competir a los niños y a los adolescentes a ver quien lee mas libros no formará lectores sino adversarios entrenados con la idea del egoísmo. Y si es la cuantificación de las cosas lo que se antepone una vez mas al asunto cualitativo, entonces ¡por favor no leas!