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La ideología de género acabará con las iglesias, los pastores, y los antidrogas

La máquina del tiempo en Paraguay viene disfrazada de un fantasma que recorre los países de América Latina. La llamada “ideología de género”.

Esta mal llamada “ideología”, según grupos religiosos conservadores de iglesias católicas y evangélicas, grupos políticos cartistas, La Presidencia, el Ministerio de Educación y la SENAD, promete la homosexualización de niños y niñas, la destrucción de las familias, y el apocalípsis de la civilización occidental. La campaña de desprestigio al enfoque de género surge desde el machismo mismo que la formula: las mujeres de rosa princesa, los hombres de celeste marinero, y el resto que se vean con sus derechos en ambiente privado y no público.

La guerra fría, ni tanto, la época de ventanas abiertas desde “La voz del coloradismo” también tenía algo de este mensaje que los grupos conservadores actuales -herederos de Stroessner- vitoran “Contra la prédica política subversiva que busca la división de la familia paraguaya”, perseguir a cualquiera que no esté a favor de lo “normal” o establecido por los de arriba, los de siempre. No cabe mencionar que la familia paraguaya se destruye por la falta de trabajo, de educación, de salud pública, de tráfico de influencias, y de corrupción estatal.

Esta nueva orden mundial, conformada por marginados sociales que buscan derechos por ser persona -como vos, yo, tu vecino- se encuentran ante el paredón de voces de un sistema que perpetua la concepción binaria de lo social y el poder, acudiendo a la manipulación de masas -en época electoral- para censurar textos que contengan enfoques críticos sobre la sociedad en cuanto a género y educación sexual.

El debate público sobre diversidad sexual está en juego, no es poca cosa, es la construcción de políticas que permitan que todas las personas puedan ser respetadas como sujetos de derechos, independientemente de su identidad y orientación sexual. Silenciarlos, es dar oídos a plataformas pseudo-moralistas que vienen disfrazadas de posicionamientos homofóbicos y transfóbicos.

En el fin del mundo -de esta isla rodeada de tierra-, el comienzo del odio arranca justo en donde no se respeta el derecho ajeno a ser.