Articulos

La corrupción es una mancha que no se borra de un día para otro

El denominador común del mes, sin lugar a dudas, es la corrupción. Aunque, debemos admitir, es un mal que ha perseguido nuestras sociedades desde hace tiempo. Prácticamente, desde el origen del hombre.

Escándalo FIFA; fraude en la Policía Nacional; narcotraficantes que burlan la seguridad de la casa Presidencial; suboficiales que viven en una especie de burbuja primermundista mientras los aspirantes a formar parte de la institución policial son prácticamente saqueados de lo poco que tienen en términos económicos. La corrupción es una mancha que no se borra de un día para otro.

Hay muchas cosas que debemos replantearnos, no solo como sociedad sino como personas. La doble moral imperante es una de las causales de este flagelo. Claro, porque nos indigna en sobremanera cuando saltan casos como éstos que ponen en evidencia la decadencia moral en la que vivimos todos los días pero no nos damos cuenta de que somos víctima de ella, también a diario. La única diferencia radica en que algunos son tentados por millones de dólares y otros somos tentados por miles de guaraníes.

Estoy convencido de que los funcionarios de altos cargos en la FIFA, ahora envueltos en un escándalo que los mancha de lavar dinero y coimear, empezaron con un simple pensamiento ambicioso de desear más de lo que tenían. Así le habrá pasado al suboficial Roberto Osorio; al excomandante, Francisco Alvarenga; al expresidente de la conmebol, Nicolás Leoz; al actual presidente de la Conmebol y vicepresidente de la FIFA, Juan Ángel Naoput; y finalmente, a vos y a mí.

Por supuesto que esto no justifica absolutamente nada. El punto es el siguiente: la integridad se forma en privado y salta a la luz en público; así mismo se desarrolla su opuesto. En esto es estamos fallando.
Lo que vemos como noticia ahora es el producto de algo que ya se gestaba hace años y, por sobre todo, el resultado de una doble moral como estilo de vida.

Que no te sorprendan las cámaras y los altos cargos, cuando llegues ahí, haciendo algo que hiciste cuando nadie te veía.

Nuestra responsabilidad como ciudadanos y sociedad no consiste simplemente en denunciar la corrupción sino en erradicarla desde nuestros hábitos.

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito.” – Aristóteles.