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Virgilia vive en una pequeña ciudad del interior del país con Candelaria, su mamá. Ahí los días transcurren entre despertarse muy temprano para ir juntas hasta la ruta donde trabajan vendiendo chipas a los automovilistas, y esperar que cada tanto Anselmo, hermano de la protagonista que vive en España, envíe dinero.

Virgilia está enamorada en secreto de Walter, su amigo de infancia que trabaja en el peaje de la ruta, el parece no darse cuenta de la situación, y ella no se lo quiere decir por temor a ser rechazada. Juanita, la mejor amiga de Virgilia y fanática de las telenovelas es quien la apoya en este improbable romance.

Este es el contexto que nos presenta La Chiperita, una película que se destaca por su simpleza, pero simpleza en el mejor de los sentidos. Porque no es pretensiosa, ella solo quiere mostrarnos una bonita y muy auténtica historia de amor, no más que eso. Y en esto radica uno de sus mayores logros, el de no necesitar un guion más profundo para atrapar al espectador y hacer que uno se sienta parte de la historia. Compartiendo las alegrías, tristezas y esperanzas de los personajes.

Hugo Cataldo dirige su segundo largometraje, en el que describe realidades muy nuestras, destacando como ya lo hicieron otras películas, el idioma guaraní. También realza la imagen de la mujer paraguaya, sacrificada, trabajadora y amiga, enamorada de sus hijos; o la necesidad de que un miembro de la familia deba viajar lejos buscando un futuro mejor para sí mismo y para ayudar a la gente que quiere. Y principalmente describe el amor en distintas facetas: el amor platónico, el fraternal, y el amor a uno mismo.

Hugo Cataldo Barudi, director y escritor de la película. Foto: Barcos & Rodados.
Hugo Cataldo Barudi, director y escritor de la película. Foto: Barcos & Rodados.

Los actores, Patty Paredes y Bruno Sosa, Virgilia y Walter respectivamente, llevan adelante sus papeles de una manera bien trabajada, plasmando emociones de manera convincente. La cuota de humor recae en Juanita, interpretada por María Liz Rojas, en un personaje que logra distender y desatar las risas de manera inocente y sencilla.

La dirección de arte (Osvaldo Ortíz Faiman) y fotografía (Santiago Ortíz) son puntos altos y de merecido destaque en La Chiperita, con pocas locaciones pero muy bien seleccionadas. Y sumado a esto, la musicalización (Patrick Altamirano) que acompaña la película, utilizando como recurso casi siempre una radio que suena cerca o a lo lejos.

El cine nacional sigue creciendo y encontrando una identidad propia, y la cantidad de películas estrenadas y las que se vienen próximamente son muestra de que con ganas, talento, y principalmente con humildad se pueden lograr productos únicos que serán muy queridos por el público.

Las chipitas reemplazaron al pororó. Foto: La Herencia Café.
Las chipitas reemplazaron al pororó en el pre-estreno de la película. Foto: La Herencia Café.

El pre-estreno de La Chiperita, llevado a cabo para la prensa y amigos fue algo diferente a lo acostumbrado. Se realizó en La Cachamba Wagon Bar, al aire libre, y los invitados pudieron degustar bocaditos típicos, además, suplantaron el tradicional pororó por algo aún más tradicional: chipitas servidas en conos de papel. Luego de la proyección de la película, Chirola, vocalista de Kchiporros interpretó En la Punta de la Lengua, una de las canciones pertenecientes al soundtrack de la película.

La Chiperita se estrena oficialmente este viernes 25 de septiembre en los cines más importantes del país.