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Kurt Cobain, grunge para siempre

Sonando de fondo a estas letras va “Smells Like Teen Spirit”, tema (del album Nevermind, año 1991) y letra de una leyenda que nacía en Washington el 20 de febrero de 1967, que al ir creciendo primero le tocó lidiar con el divorcio de sus padres, cosa que lo hacía sentir muy triste al compararse con sus compañeros de colegio. Avanzando, llegamos al 5 de Abril de 1994: un final inesperado hasta para Courtney Love. Una carta, una escopeta, heroína. Kurt Cobain llevaba a la generación X más allá de todo, el ícono del grunge de Seattle se hacía universal.

Kobain, su gato, y su hija.

Muchas son las interrogantes: ¿existiría el grunge y la música alternativa “no mainstream” si Cobain seguía entre nosotros? Si fuese así ¿se seguiría cagando en los medios y hasta en sus bandas “enemigas”? ¿Existiría Foo Fighters? ¿Llenaría estadios hoy día? ¿o viviría de regalías de sus canciones? ¿Courtney Love seguiría siendo para el “la mejor mierda que existe“? ¿Odiaría la MTV por ser artífice de pasar el videoclip que lo encadenaría a una canción concierto tras concierto?

No hay respuestas a esto, no hay significado posible, o cómo el mismo Kurt afirma en cuanto a las letras y significados o simbolismos que se buscan en sus canciones: “Me doy cuenta que la gente espera… un ángulo más temático con nuestra música, sabes – ellos quieren “leerla”. Pero lo que hice fue colocar pedazos de poesía y solo basura y material que me encantaba en aquel entonces, y muchas veces escribo letras sólo en el último minuto porque soy muy perezoso, entonces… entonces no entiendo porque la gente intenta buscarle algún significado…”.

Fan de los Beatles (pero McCartney le daba vergüenza), de R.E.M., de Pixies, primero tocó la batería, después tuvo una guitarra eléctrica, el primer empuje que nos daría un ser atemporal, aquejado por dolores estomacales, odiaba el sistema y también odiaba que chupen la media a Nirvana, odiaba que una canción suya sea parte de una campaña publicitaria, pero entre tanto odio la palabra amor se hacía presente, en lo único que era suyo, en lo que encontró un mundo: su música. Un mundo con varios universos que siguen contagiando la rebeldía que corría por sus venas y que se nota en su banda: Nirvana, que lanzaría uno de los albums más vendidos de todos los tiempos: Nevermind, con 30 millones de copias vendidas, mismo álbum que en aquella época dejaría atrás a producciones de Guns N Roses y Michael Jackson.

Sonando por décima vez el mismo tema en lo que va de la noche/madrugada y me retumba una frase suya replicada en su biopic “desear ser otra persona es un desperdicio de la persona que eres”.

Kurt, nacía y moría un día como hoy. Sigue naciendo y muriendo un día como hoy.