Conciertos

Kuriju Metal Fest: El veneno de metal se expandió en Richard’s Pub

(Por Wilpagliaccio; Fotos de rockenpy) Cuando me preguntan por qué escucho metal no tengo una respuesta segura a la pregunta, porque simplemente lo escucho, lo vivo, lo siento, hay miles de forma de explicar el sentimiento, muchas veces no son palabras, son actos, muchas veces son simplemente gestos y otra veces, simplemente sabés que te posee y forma un simbiote contigo.

El sábado pasado, en Richard’s Pub, ese sentimiento que tengo por el rock y el metal una vez más afloraron con Moonchild, Mythika, Steel Rose y Kuazar, pero no fue como siempre, porque quizá ese sábado deduje que la música que me encanta es como un veneno, un veneno que recorre la sangre e invade mi cuerpo hasta poseerlo completamente, les explico por qué.

Es difícil explicar muchas veces la sensasión del ataque que produce el metal en un fan del estilo, es como una serpiente, es decir, te dejás seducir por su baile, te mira a los ojos, te hipnotiza, como cuando Moonchild entró al escenario y sacudió cabezas con temas como “Whispers in the Night” o “Cocodriller”, te estudia, sos su objetivo, si te sentís amenazado por su encanto, sabés que “Let’s Rock” va a abusar de vos.

En la fase dos, la serpiente muestra sus colmillos rebosantes de veneno letal, agujas ponzoñosas que tiene a Mythika, que con los temazos de su nuevo EP, presume orgullosa de su fluido a sabiendas de que vas a caer bajo su control, de eso se encargan temas como “Amarga Plegaria”, “Iron Hearts” y “Fields of Glory”. Su ataque es inminente con “Deserts Lions”, es tarde, ya no podés escapar, la serpiente atacó.

En tercer término, el reptil te envuelve, busca tu pecho, lo aprieta, lo constriñe, hace acelerar tu pulso, tu corazón aumenta su ritmo, como lo hace Steel Rose con temas sacados del álbum Humanimal y además temas como “Insano”, “Dios de la Red” y “Heavy”, eso sin mencionar que sabés bien que ya perdiste con el cover de Mötley Crüe “Home sweet home”. La serpiente ya te tiene postrado, luchás contra ella, pero obviamente su fuerza es superior a la tuya, no hay nada que hacer.

Por último, la fase final del ataque, la temible mordida. Al clavarse sus colmillos en tu cuello, sentís como el veneno de metal te produce una sacudida, ingresa en tu torrente sanguíneo, hendy kavajú resä kapé, entró Kuazar al escenario. Sabés que cuando suena “Hunter and Prey” el veneno recorre tu cuerpo, provoca unas convulsiones incontrolables mientras tu cabeza se menea al ritmo de “Tweenty days in Hell”, tu piel se eriza con “My Life is My Own”, un viejo conocido del Mosh 2007 y el tributo a Iron Maiden de ese año. Cuando el veneno llega a tu cerebro se escucha “Hetä mba’e vaí ojejapoa ko ñanderetäme, hetä mba’e vaí ojejapoiti ko’anga, pero aní que pekyhyjeti. CHÁKE LA KURIJU!”, es muy simpático, porque cuando recién te diste cuenta de que querías huir, ella ya te mordió y su veneno ya provoca sus últimos estragos en tu corazón con covers como “Nightcrawler” de Judas Priest, “Symphony of Destruction” de Megadeth y “Angel of Death” de Slayer. Aprendiste una lección tardía, no existen “posers”, no existen “trü”, un chaleco no te protegió, la serpiente ya te poseyó, caíste y ya no podés hacer nada una vez que estás bajo su control.

E’a! Mirá un poco, da para publicar había sido, y bueno, supongo que ahora saben lo que siente alguien que aprecia el metal, digo, por si no formás parte del lado oscuro y hermoso de la música. Y si sos metalero, sabés de lo que hablo y vas a compartir estas palabras.

En fin, ya’ll know, nos vemos por ahí con algunas cervezas y compartiendo en algún concierto.

Keep rocking biatch!