Conciertos

Iron Maiden, Slayer, Ghost convocaron el Ritual Metalero en Paraguay

(Por Wilberto Jara) Cientos ya estaban en la entrada el sábado, miles ya estaban el domingo al mediodía, la ansiedad que provocaba la llegada de los gigantes del metal, Iron Maiden y Slayer, además del nuevo rostro llamado Ghost, hicieron que más de 20.000 fans ya no pudieran dormir incluso días antes del show.

Cuando Iron Maiden llegó a Paraguay, más de 700 personas esperaron pacientemente en el aeropuerto, pero no pudieron ver a sus ídolos, dada la velocidad con que salieron rumbo directo al Hotel Bourbon, en donde otra tropa de fans los estaba aguardando. Finalmente cerca de las 22:00 horas del sábado, algunos ya se rindieron y tomaron rumbo al Jockey Club, en donde planeaban tomar revancha. La misma noche del sábado, varios integrantes de la banda fueron avistados cual “OVNIS” en algunos centros nocturnos de la capital, y se especuló incluso que un par de miembros del staff de Ghost hizo acto de presencia en el estadio Defensores del Chaco, para presenciar el partido entre Cerro Porteño y Nacional, esto último, nunca llegó a ser confirmado, pero el simple rumor denotaba que se veía metal “hasta en la sopa”, en las horas previas al show.

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Más de 25 toneladas de equipamiento, se trajeron los británicos de Maiden, que hicieron levantar el polvo del Jockey Club. Además de demoler músculos y gargantas, longas cabelleras se levantaban en el aire para formar una ola energética qué contagiaba vida.

Ghost se encargó de iniciar el concierto, con la “misa” que traía el Papa Emeritus II, rock and roll clásico con retoques de sintetizadores, con distorsiones bien pesadas pero con mucha melodía. Si bien el público no se inquietó demasiado con el concierto de los suecos, los mismos manifestaron agradecimientos constantes por la primera visita a Paraguay.

Slayer entró luego, para hacer lo contrario, el plan era que en Asunción se pudiera sentir la furia de los riffs y las poderosas letras de los estadounidendes, y el momento más emotivo y brutal de la noche, fue cuando fue desplegada una enorme bandera que emulaba el logotipo de la marca de Heineken, pero con el nombre del fallecido guitarrista Jeff Hanneman, a quien recordaron con la furia de los temas “South of Heaven”, “Raining Blood” y “Angel of Death”. En el trapo decía Hanneman, y le envolvían las palabras “Angel of Death” y “Still Reigning”.

Para hablar de Iron Maiden, necesariamente se tiene que invocar a la palabra “leyenda”.

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Con un despliegue fenomenal, Dickinson mostró una vez más su rebeldía al pasarse un cartel de Mc Donald’s, por el culo, Mc Brain sedujo al presentarse con una remera de la Albirroja en los primeros temas, el vértigo ocasionado por Harris con cada corrida, que nada tiene que envidiar al estado físico de alguien de la mitad de su edad; la elasticidad de Gers que robaba las miradas; la constante alegría de Murray, quien hacía sentir al público que formaban parte de la banda, cada vez que señalaba a una persona; y las actuaciones espontáneas de Smith, quien no perdía la ocasión para soltar algún gesto que ocasionara risas.

Un verdadero show, en el que no faltó el emblemático “Eddie”, quien en palabras de la banda, “no es la mascota, sino que Iron Maiden es la mascota de Eddie”.

God Hate us All, y es por eso que nos entregó el mejor concierto de la historia del metal en Paraguay, una misa que tuvo a Ghost cantando los salmos, Slayer haciendo la homilía, y Iron Maiden realizando la eucaristía, con su correspondiente comunión. ¿Hay algo más que agregar?.

Keep fuckin’ rockin’!