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ExEstudiante del Colegio San José revela el bullying que se vive adentro

Sebastián Campos Cervera Escobar, ex estudiante del Colegio San José de Asunción, publicó en redes sociales sobre lo que acontece adentro en tono a las publicaciones sobre bullying y violencia que afectan a los estudiantes de la casa de estudios.

Mucha gente se sorprende al enterarse de que soy ex alumno del San José (2010), algunas personas no me creen, otras me preguntan ¿cómo no me comieron vivo en ese Colegio? otras curiosas, me preguntan ¿qué tal fue mi paso por ahí? Supongo que, porque no encajo en el concepto o prototipo de “Sanjo” que tiene nuestra sociedad.

– ¿Estoy orgulloso de ser ex alumno del Colegio San José? No.

– ¿Estoy orgulloso de que no me identifiquen con la clásica figura de “Sanjo”? Si.

Desde 7mo grado hasta 9no grado recuerdo pedir a mis padres que me cambien de colegio, y no es casualidad que sea desde 7mo, ya que es ahí cuando pasamos de jugar tranquilamente en el “patio chico”, al campo de batalla que es el “patio grande”, es decir, a compartir con los que se creen tan merecedores de nuestro respeto y miedo, “los más grandes”.

En 7mo grado es donde empiezan (para los hombres) algunas de las tan ridículas y absurdas tradiciones del San José.
En 7mo grado había sido teníamos que dejar de hablar con nuestras compañeras, ya que ellas no eran dignas de nuestra palabra, porque el San José siempre había sido orgullosamente un colegio solo de hombres y ellas vinieron a arrebatarnos eso, entonces las teníamos que ignorar, burlarnos de ellas, robar sus útiles, escupir en sus cuadremos, arrancarles las hojas, hacerles bullying directa o indirectamente. De lo contrario, si seguíamos hablando con ellas, eramos considerados “pelagatos, maricones, putos”, tanto por nuestros compañeros que se aferraban a las tradiciones, como por los “más grandes”.

A partir de 7mo había sido ya no nos podíamos ir a los intercolegiales a “estar nomás ahí” si había algún partido masculino del San José, y a mi que me encantaba ir a esos lugares a hacer nada, a comer, a socializar, a estar con amigos y amigas de otros colegios. Pero no, de ahí en más, para estar acorde a las tradiciones, a mis compañeros y a los “más grandes” tenía que ir si o si a la hinchada (cosa que detesté desde el día 1), y era ir a hacer previa a la plaza, de la plaza al partido y del partido a la plaza. Nada de disfrutar del intercolegial, nada de hablar con amigos/as de otros colegios, y sobre todo, nada de hablar con nuestras propias compañeras de clase. Obviamente la hinchada era (y no se si sigue siendo) solo para hombres, ellas no podían alentar a nuestro colegio, si querían hacer hincada que inventen una y vayan entre ellas a los partidos de las mujeres. Recuerdo que a veces iba a los intercolegiales con mis compañeras, y cuando escuchaba a la gloriosa hinchada del San José llegar, corría a esconderme para que no vean que no fui a la hinchada, para que no vean que estaba disfrutando tranquilamente del intercolegial con mi mejor amiga. Finalmente dejé de ir a los intercolegiales, era horrible tener que esconderme, pero más horrible me parecía ir a la hinchada, a que me jueguen, a que me corten el pelo como querían, a pasar sed, hambre, maltrato, a ser empujado, a veces golpeado y otras ridiculizado (pero claro, siempre “jugando”).

A partir de 7mo yo tenía que dar plata a los más grandes (¿acaso tenía que pagar derecho a piso?) lo que me daban mis padres para mi recreo, para que yo coma, tenía que dar a ellos ¿por qué? No hay porqué. Supongo, que porque eran más grandes, y había que respetarlos. Si ellos organizaban una fiesta y yo no quería ir ¿adivinen qué? igual tenía que comprar las entradas. En los recreos te metían la entrada en algún bolsillo y después te decían “para mañana la plata”. ¿Y cuantas veces tuve compañeros desesperados después del primer recreo por conseguir plata, pidiéndonos uno a uno, porque a un “más grande” se le ocurrió que para el segundo recreo le tenía que conseguir 100mil, 150mil o 200mil?

A partir de 7mo cada vez que me cruzaba con un “más grande” aprendí que tenía que bajar la cabeza, extender la mano y saludarle, y si eran muchos, tenía que hacerlo uno a uno, aunque ni los registre. ¿Por que? no hay porqué. Por “respeto”, según ellos.. Pero si lo hacía yo, no era por respeto, era para que no me griten insultos frente a todos, para que no hagan un “túnel” y me golpeen, para que no me marquen ni se burlen de mi.

Otro tema… El glorioso y tan conocido campamento para hombres al que nunca fui, y al que mi propio papá (que si iba en su época) nunca me permitió ir (aunque la verdad que ni quería ir). Campamento de hombres y para hombres, con una fama bastante peculiar, prohibido por el propio colegio debido a lo que se contaba que ocurría ahí y a ciertos incidentes a alumnos que son de conocimiento público que ahí ocurrieron. Por no ir a ese campamento, eras un maricón entre muchas otras cosas, los “más grandes” te pudrían, tus compañeros mínimamente te ignoraban, porque si hablaban contigo, les pudrían a ellos. Y ojo con irte al campamento conocido como MEPCAH, campamento mixto organizado por el colegio. Ahí ya entrabas en una sufrida guerra con los sanjos.

Y así como estos ejemplos… hay otros tantos.

Probablemente a mis compañeros de colegio y a otros ex alumnos les moleste muchísimo mi relato, capaz luego de esto se enojen y me vuelvan a ignorar, pero ¿saben qué compañeros y otros ex alumnos? Es parte de mi historia, de lo que viví y de lo que sufrí, fue mi realidad en ese momento y nadie va a poder borrar mis feos recuerdos de tres años queriendo huir de ahí.

¿Sabían que la pasé mal en el colegio? ¿Sabían que quizá alguien ahora mismo la esté pasando así o incluso peor? Porque sé que no soy de los que peor pasaron, sé que algunos compañeros tuvieron que dejar de asistir a clases, otros se mudaron de colegio. Y capaz algo o gran culpa la tengan algunos de ustedes, que están leyendo esto. Y si hago esto público es para que alguien con hijos, hermanos o sobrinos en el San José lo lea y conozca la realidad que muchos (aunque no todos) vivimos ahí, y sepa así lo que, quizá, su hijo está callando.

Fue difícil ser hombre en el San José, sobre todo al no haber comulgado o compartido sus tradiciones, al no estar de acuerdo con como mis compañeros o los “mas grandes” pensaban, con lo que hacían o con lo que decían.

Igual defiendo que el San José no es cuna de atorrantes y patoteros, y que sale gente excelente de ese colegio. Pero si, claro que hay atorrantes y patoteros, como en todo colegio. Solo que en el San José hago una diferencia, están los atorrantes y están sus discípulos.

Los atorrantes son el verdadero problema, los discípulos son quienes simplemente siguen a los atorrantes. Y una vez terminado el colegio, los que fueron discípulos llegan a ser excelentes personas, incluso llegan a darse cuenta del mal que pudieron haber hecho, y a veces lo remedian, algunos incluso hoy son mis amigos. Mientras que los atorrantes, permanecen así. Atorrantes.

Me enorgullece ser ex alumno del San José? No.

Pero si me enorgullece haber sido siempre fiel a mi forma de pensar, creer y vivir, pese a lo que pude haber pasado allí. Y supongo que mi experiencia en ese colegio forjó en parte el carácter que tengo ahora, de no dejarme pisotear jamás por alguien y defender mis ideas y mis principios siempre.

Hoy con todo lo que está pasando, para algunos se está ensuciando la imagen de su prestigioso colegio, mientras que para otros simplemente está saliendo a luz lo que vivimos allí dentro.”.


El Colegio San José tiene 113 años de historia, está ubicado en la ciudad de Asunción, es un colegio católico privado, visionado por Juan Sinforiano Bogarín.