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Espacio Bruto, un San Juan de arte

El pasado 28 de junio se realizó el San Juan a lo Bruto, en el Espacio Bruto, una fiesta no tan tradicional, con pinturas, exposiciones, talleres, diseño, libros y música, que reúne tres elementos: Fuego, San Juan, Brutal. La muestra se desarrolla por un mes en Alberto de Souza 5305 casi Cruz del Defensor.

Según Caro Urresti, una de las organizadoras del evento, los puntos que le dan origen al proyecto son:
El fuego: Porque da calor cuando hace frío. Porque ilumina en la noche. Porque agrupa alrededor de un fogón. Porque cocina cuando hay hambre. Porque anuncia ciertos rituales.

San Juan: Porque es una fiesta pagana y religiosa. Porque se celebra en todo el Paraguay. Porque incorporó colores propios a los que trajo consigo la evangelización. Porque irrumpe cada 23 de junio, extendiéndose en el tiempo. Porque su unen hombres, mujeres, niños y ancianos queriendo celebrar.

Brutal: Porque inauguramos un espacio en el que las puertas se abren para que se reproduzca la ceremonia del fogón. Donde cada creador aporta lo propio. Donde en el compartir se extienda la mirada. Donde cada uno pueda hacer, probar, errar, mostrar sin sentirse solo. Donde los lenguajes crucen orillas y se enriquezcan. Y finalmente cantemos también a coro, sintiéndonos más libres, sin miedo a desafinar, acompañados, calentitos y alegres.

Comenta Lucas We, propulsor del proyecto, que siempre tuvo el deseo de ser parte de un espacio abierto, donde reúnan todo tipo de artes, exposición, charlas y ferias, además de poder compartir entre amigos. “A mis 32 años decidí dejar de soñar y hacerme cargo de este quilombo” declaró.

Un San Juan concebido de manera pagana, donde el fuego y las hogueras estarán presentes, sin que ardemos en ellos. Hacer que seamos muchos, diversos. Muchos con el deseo de jugar, de probar, de arriesgar. Trabajos colectivos, piezas que pasan de unas manos a otras, y en ese pasaje se vuelven otras, nuevas, diferentes, más potentes. Visibilidad a los artistas invisibles.

No olvidar el contenido de lo que hay para contar, en un momento en que nos atonta el no decir. Un no decir saturado de imágenes ya reproducidas una y mil veces.

Un espacio para que aquello que puede creerse Bruto, osco y sin pulimento, se completa con la mirada, con la participación, con el compartir, con hacer y equivocarse, con no sentirnos solos.