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Dibujitos animados e ideología

En esta nueva serie de entregas (sí, se viene una nueva trilogía de introspección berreta) trataré de pensar en cómo los dibujitos animados de nuestra juventud influenciaron la percepción que tenemos de temas sociales como la familia, la ecología, o las clases sociales.

Pero, antes de entrar de lleno en lo dicho, quiero hacer un ejercicio especulativo: deseo hablar de la influencia ideológico/comercial en general y de ese ciudadano consumista, al que las ideas le entran fácilmente y nos mira un poco mal a nosotros, ñembo críticos anti sistema.

Oima ídolo, vos ko sos como yo, nomás.

En mi anterior entrada, mencioné un dato que se maneja como realidad: la población de Paraguay está compuesta en su mayor parte por jóvenes, siendo considerados estos personas desde 0 a 39 años de edad. Números más, números menos, el 75% de los paraguayos entraría en esta clasificación. Uno de cada cuatro tiene entre 15 y 29 años.

Para ubicarnos (porque las estadísticas sin contexto no sirven para nada) diríamos que existen más personas nacidas entre los 80 y 90 en el Paraguay hoy día. Esta época tuvo varios cambios a nivel local y mundial. Localmente, érase una dictadura en declive, un dis continuismo político y económico que dio origen a un nuevo paradigma legal y a un régimen democrático que hasta hoy muchos no entienden para qué sirve.

Lo que respecta a la cuestión internacional, intentaré ser breve y apuntar a lo que me interesa: el fin de la Guerra Fría, la tesis del fin de la historia y el llamado viernes de Malboro fueron acontecimientos que significaron la victoria total del poder estadounidense, la posmodernidad y el American Dream.

¿Cómo conectamos esto con la moda cartoon del presente?

La onda cool de usar remeras con la cara de Scooby Doo o los bichos de Hora de Aventura no la inventamos nosotros. Es, claro está, hipsterismo global, el cual revive en aquellos que fuimos niños y dan todo un abanico de posibilidades de consumo, así como de construcción de ideas.

[quote align=’left’]Déjenme pisar tierra y volver a Paraguay. A finales de los 80 y principios de los 90, aparte de la apertura democrática, hubo una nueva configuración de mercado más abierta que ofrecía diversos bienes y servicios, pero a su vez exigía más competitividad[/quote]Déjenme pisar tierra y volver a Paraguay. A finales de los 80 y principios de los 90, aparte de la apertura democrática, hubo una nueva configuración de mercado más abierta que ofrecía diversos bienes y servicios, pero a su vez exigía más competitividad. Si bien hacía ya un tiempo que varón y mujer salían a trabajar dejando al niño en casa, este fenómeno explotó en estos años. Como resultado, muchísimos niños que nacieron en esas décadas quedaron en casa bajo cuidado de una persona que no fuera alguno de sus padres. Además, esta persona tenía de alguna forma, una enorme ventaja sobre otros que ejercieran dicha labor en otras épocas:

“Le voy a poner la tele al mita´i para que no llore, así se queda quietito y no hincha”.

De lo que estoy hablando es algo que sucedió en otros países del mundo e hizo que los CEOs de las empresas más grandes se plantearan un nuevo rumbo. En su libro No Logo, el poder de las marcas, Naomi Klein cuenta que, entre los 80 y 90, las grandes corporaciones se vieron en un dilema cuyo punto de quiebre fue el conocido Viernes de Malboro.

¿Qué pasó? Sin entrar en detalles que no conozco (no investigué como la gente), esta marca de cigarrillos, una de las mayores empresas y principal sostén de la ideología del hombre americano (el cowboy fachero cabalgando con el atardecer a su espalda y un pucho en la boca) vio caer sus ventas por la presencia de marcas más baratas que, por los bajos salarios de ese entonces, las personas preferían. Tan mal les fue que, tanto esta gran empresa como otras que se vieron metidas en situaciones similares, vieron frente a sí un camino bifurcado: o le metemos a full promociones y disminuimos los precios o, aumentamos el gasto en publicidad y vemos qué pasa.

Malboro y otros kapitalists tomaron el camino uno, que dio como resultado la caída en espiral de sus ganancias. Otro paquete de corporations decidió tomar el camino dos y apuntar todos sus cañones a la publicidad. Sin embargo, esta última necesitaba cambios.

[quote align=’left’]Tradicionalmente, la publicidad tenía una dimensión imaginaria y simbólica. La dimensión imaginaria se refería a las cualidades reales del objeto[/quote]Dejemos que Christopher Kul Want, quien escribió un libro sobre Zizek, nos aclare las cosas: “Tradicionalmente, la publicidad tenía una dimensión imaginaria y simbólica. La dimensión imaginaria se refería a las cualidades reales del objeto… Sin embargo, recientemente ha aparecido una nueva dimensión en publicidad que trata de la experiencia… ésta nueva dimensión se enfoca en cómo y en qué maneras el producto publicitado vuelve más significativa la vida de uno”.

Naomi Klein considera importante el Viernes de Malboro porque fue EL momento de poder de un nuevo paradigma publicitario pero, además, una nueva herramienta ideológica del mercado. Las generaciones de ese entonces y posteriores al crack Malboro fueron influenciadas con todo tipo de imágenes que les sugerían tomar cierta bebida, comer determinada comida y adquirir algún bien no por ninguna facultad del producto sino por darle sentido a tu existencia.

[quote align=’left’]Estaría bueno que exista ese comité mundial de súper ricos que se reúnen una vez al año a decidir el destino de la humanidad… Pero la realidad es que los poderosos tienen problemas en responder a las crisis[/quote]Es aquí, en los 80 y 90 y la victoria de la economía de mercado en democracia, que aparecen los dibujitos, con todas sus ideas que transmitir para una enorme cantidad de niños nuevos, desde Estados Unidos hasta Paraguay.
Ojo. No quiero decir que existe una suerte de complot mundial armado para dominar las mentes de todos los kids al hacerlos funcionales a la ideología de los dibujos animados. Capaz algunos lo tengan calculado. Ahora me parece una cuestión de inercia inconsciente. Así lo cree también Zizek, que dijo: “Estaría bueno que exista ese comité mundial de súper ricos que se reúnen una vez al año a decidir el destino de la humanidad… Pero la realidad es que los poderosos tienen problemas en responder a las crisis”.

Cabe reflexionar sobre lo transmitido por nuestros personajes favoritos. ¿Son buenas ideas? Muchas sí, lo son. ¿Dan respuesta a nuestras contradicciones existenciales o a cuáles serían las vías para solucionar nuestros problemas? De eso estoy menos seguro.

Partiendo de la falta de seguridad, surge esta innecesaria introducción a una saga más épica que Star Wars, Matrix y El Señor de los Anillos juntos.

En el próximo episodio, nos vemos para hablar de dibujitos y sus ideas sobre la familia.

Eso es todo amigos. Por ahora.