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Ante la verdad, solo la mentira puede sentirse ofendida y atacada. El rol del periodista es, sobre todas las cosas, hacer honor a la verdad. Y precisamente en el ejercicio de esa premisa es que hoy como paraguayos contamos con 17 mártires que dieron su vida prefiriendo, en todos los casos, la muerte física antes que la ética. Así marcó el sendero Santiago Leguizamón.

“La situación empezó a cambiar en el momento en que el mundo comprendió, no hace mucho tiempo, que la información es un gran negocio”, escribió Ryszard Kapuscinski en su libro “Los cínicos no sirven para este oficio”, y es exactamente lo que pasa.

En ese negocio estamos metidos quienes decidimos emprender viaje. De allí el desafío constante en hacer honor a la verdad. Pero ¿qué es la verdad? Desde tiempos inmemorables esa pregunta martilla cabezas. Pilato le preguntó a Jesús qué era la verdad; Mahatma Gandi trataba de encontrar la respuesta en la ‘voz interior’; Platón consideraba que era “verdadero” todo lo que lograba permanecer, lo inmutable, lo que siempre es de la misma manera; y nosotros los que hacemos periodismo consideramos que la verdad es algo que confronta. Al menos, algo que confronta el “negocio” que marca sus pautas dentro y fuera del rubro.

[quote align=’left’]”Con esta profesión no te vas a volver rico.”[/quote]Confrontando el negocio, fueron 17 los que cambiaron sus vidas en honor a la verdad que defendían. A setenta y dos horas de conmemorar el Día del Periodista Paraguayo, esta semana nos lleva a plantearnos qué es lo que defendemos diariamente como periodistas.

Recordando esas palabras de Santiago Leguizamón, me viene a la cabeza la pregunta: si nuestros políticos tuviesen la misma premisa de preferir la muerte física antes que la muerte ética ¿qué tan rápido cambiarían las cosas? ¿No es ese el punto que debe cambiar para “cambiar nuestro rumbo”?

Probablemente, muy rápido. Definitivamente, sí.

Nadie está exento de errores, desaciertos y pecados, es cierto, pero todos tenemos la posibilidad en mano de hacer honor a la verdad en el puesto donde nos toque estar y con la profesión que decidimos llevar sobre las espaldas.

Gracias: Gerardo Servián (2015), Antonia Almada (2014), Pablo Medina (2014), Edgar Fernández Fleitas (2014), Fausto Gabriel Alcaraz (2014), Marcelino Vazquez (2013), Carlos Manuel Artaza (2013), Merardo Romero (2011), Martin Ocampos (2009), Alberto Tito Palma (2007), Ángela Acosta (2006), Samuel Román (2004), Yamila Cantero (2002), Salvador Medina (2001), Benito Román Jara (2000), Calixto Mendoza (1997), Santiago Leguizamón (1991), nada hará suficiente justicia para recobrar lo que se perdió con la muerte de cada uno de ellos.

Quien camina este sendero conoce muy bien -o ya la va a conocer- la frase de “con esta profesión no te vas a volver rico”, así que no es dinero, precisamente, el motivo que lleva a uno a meterse en las filas de este ‘ejército’. Quizás sea la sed y el hambre por conquistar con las letras lo que no se logra conquistar con el poder: conciencia.