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Derechos Digitales: El anonimato en internet es necesario

(Por Vladimir Garay; Derechosdigitales.org) En la medida en que nuestras vidas transcurren en internet de forma creciente e interactuamos cada vez más con tecnologías digitales, también se vuelve más sencillo identificarnos y recolectar información sobre nuestros hábitos, gustos, opiniones e incluso sobre nuestros cuerpos.

anonimato online infografia derechos digitales internet 2016El respeto y la promoción de los derechos fundamentales son la base de cualquier sociedad interesada en el desarrollo bajo principios de equidad, justicia, integración y no discriminación. Sin embargo su existencia meramente nominal no es suficiente: al igual que la riqueza, las posibilidades reales que tienen los individuos de ejercer sus derechos fundamentales son desiguales y están determinadas por una serie de factores socioeconómicos, políticos y de género, por mencionar algunos.

Existen distintas formas y aproximaciones para intentar suplir las inequidades de base que impiden a los grupos marginados el ejercicio de sus derechos inalienables. En ese sentido, internet se ha convertido en una excelente herramienta para, por ejemplo, la libertad de expresión y de reunión: una plataforma que permite que cualquier persona con acceso a la red pueda expresar sus opiniones, ideas y creencias, pueda acceder a información de interés y pueda encontrar a otros con personalidades e intereses afines.

Una de las ventajas teóricas de internet en este aspecto, es que permite realizar todas estas acciones sin la necesidad de interactuar cara a cara con otros ni revelar nuestro verdadero nombre. Esto es particularmente importante para quienes necesitan lidiar con temas sensibles de diversa índole: médica, de disidencia política, de violencia de cualquier índole, de denuncia. Internet puede entregar una sensación de seguridad, resguardo y privacidad que permitan a ciertas personas a buscar e informarse sobre tópicos que difícilmente tocarían de forma abierta por temor a las represalias o a la humillación pública.

Sin embargo, esta es solo una ilusión: hoy internet es el mayor compilador de datos personales jamás creado; amparado en la sensación de seguridad que brinda el hecho de estar tipeando en la comodidad de nuestro hogar, le entregamos a nuestro buscador más información íntima que a nuestros más cercanos.

No es exagerado afirmar que el derecho al anonimato hoy se encuentra más amenazado que nunca. En la medida en que nuestras vidas transcurren en internet de forma creciente e interactuamos cada vez más con tecnologías digitales, también se vuelve más sencillo identificarnos y recolectar información sobre nuestros hábitos, gustos, opiniones e incluso sobre nuestros cuerpos.

Al mismo tiempo, ha penetrado con fuerza un discurso que opone seguridad y anonimato, haciéndole equivalente a delincuencia, terrorismo, narcotráfico, pornografía infantil o cualquier otro mal social de extrema gravedad, y múltiples son los intentos legales por limitar el derecho a reservar nuestra identidad.

Paralelamente, cada vez es más frecuente que los gobiernos adquieran tecnología capaz de espiar a sus ciudadanos, muchas veces más allá de las facultades que se les ha otorgado a través de las leyes o la constitución política, aduciendo razones de seguridad nacional.

Pero el anonimato es sumamente importante, pues garantiza el ejercicio de diversos derechos: a expresarnos, a reunirnos, a la protesta social, a buscar información y ayuda, entre muchos otros.

El anonimato nos protege a todos; cuando sufrimos de una condición médica y queremos buscar apoyo y consejo de otros pacientes sin que nuestra familia, nuestros empleadores o nuestra compañía de seguros se entere por motivos económicos, laborales o simplemente porque nos sentimos avergonzados; cuando sufrimos acoso y violencia en nuestros lugares de trabajo o estudio, en nuestro vecindario o incluso en nuestro propio hogar; cuando queremos denunciar algo a la prensa o a la policía, pero creemos que puede ser riesgoso; cuando queremos exigir nuestros derechos, pero le tememos a las represalias. Hay muchas situaciones cotidianas en las que el anonimato nos puede ayudar a suplir los desequilibrios de poder y ejercer nuestros derechos.