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Del fútbol a estrella de Hollywood: la historia de Florencio Amarilla

(Por Gonzalo Cáceres) “Me vio cara de indio, y me dijo que si quería participar en una película”. Así es como el ya desaparecido Florencio Amarilla se refería a su inesperado salto al séptimo arte. Su carrera deportiva presenta una interesante foja, pero no tan excitante como la vida que llevó tras las grandes producciones hollywoodenses.

Su historia es digna de una película, así que vamos por parte.

Florencio Amarilla Lacasa nació el 3 de enero de 1935 en Coronel José Félix Bogado, Departamento de Itapúa.

Según cuentan sus excompañeros, el zurdo hablaba poco o nada de su vida personal aunque en más de una ocasión dio a entender que no conoció a su madre. Esto explicaría su infancia en la Argentina.

Ese chico de tez morena, poseedor de una velocidad desbordada y endiablada pegada, dio sus primeros pasos en el fútbol de la mano del Club Buenaventura de Coronel Bogado, luego pasó por el Nacional encarnaceno y más tarde llegó al Nacional de Asunción.

El 14 de julio de 1957 Amarilla vivió su día cumbre. Paraguay y Uruguay peleaban por una plaza en el Mundial de Suecia 58: Paraguay se impuso con un contundente 5-a 0, siendo Amarilla autor de tres tantos.

En 1958 y ya con 22 años, fichó por el Olimpia. Tras contados meses en el cuadro franjeado y su nada despreciable actuación en el Mundial de Suecia 1958, fue vendido al Real Oviedo de España donde militó hasta 1961. En 1962 llegó al Elche y en 1967 se instaló en el U. D. Almería. Allí fijó residencia y jugó hasta su retiro, en 1970.

Los testimonios varían, pero concuerdan en que Florencio decía con tono cómico y, a veces, hasta se ponía sátiro, sobre su llegada al cine.

“Estaba en el Gran Hotel tomando una cerveza. Se me acercó un señor de dos metros de altura, Antonio Tarruella, un ayudante de dirección y como me vio ‘cara de indio’ me preguntó si quería participar en una película”. La cinta era ‘100 rifles’ (1968) protagonizada por Raquel Welch, Jim Brown y Burt Reynolds.

De allí en más se convirtió en un extra fijo de los rodajes que llegaban a la Península Ibérica. Por su poderío físico, destreza montando a caballo y su vistosa presencia, que le ayudaba a aguantar los primeros planos como si se hubiese formado de actor secundario, no paraba de firmar contratos: estuvo en cintas como El Cóndor (1970), con Lee Van Cleef, o El Oro de Nadie (1971), donde le roba planos al mismísimo Yul Brynner.

Suyos eran los roles indígenas en películas como Red Sun; Caballo salvaje; Chato el Apache; Orgullo de Estirpe. En 1970 trabajó en la ganadora del Oscar a la mejor película Patton de Franklin Schaffner, y Conan El Bárbaro (1982), protagonizada por Arnold Schwarzenegger. Compartió camerinos con figuras del calibre de Charles Bronson, Alain Delón, Toshiro Mifune y Ursula Andress.

La vida de Florencio se apagó un sábado 25 de agosto de 2012 a la edad de 77 años en Vélez Rubio, provincia de Almería.

Este exitoso paraguayo superó barreras que parecían infranqueables teniendo en cuenta los estereotipos de la época. Cumplió sus sueños y aquellas metas que parecían imposibles para un pueblerino.

En una suerte de broma del destino… su único pendiente fue el retornar a su tierra.