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Hey, chicos: ¿Quieren hacer comunismo?

(Por Alexei Alvarez) Un meme, popular en Internet, muestra al “tío Lenin” diciendo esta frase. Es evidente que el tío Lenin ha vuelto y que ronda las universidades e incluso los colegios. En los años 90, el derrumbe del Muro de Berlín, de la Unión Soviética y de sus estados-satélite de la Europa Oriental parecía haber matado definitivamente a este caballero. Pero no. Similar a Freddy Kruger, el tío Lenin vuelve siempre a perturbara los sueños de los niños y a intranquilizar a los padres. La pregunta que cabe hacerse es por qué. Por qué una ideología que, hasta hoy por lo menos, no parece dar frutos demasiado sabrosos sigue cosechando éxito. Por qué.

Me atrevo a seguir, intuitivamente, el proceso mental que lleva a un joven clasemediero a “hacerse comunista”. En primer lugar, el chico contempla algo muy simple: El mundo no está bien. El pez grande se come al chico, unos amasan la harina y otros se comen el pan, un perro come a otro perro y el Diablo se lleva al último… Esto no le gusta, lo cual es muy comprensible y, entonces, nuestro joven de ardiente corazón decide que él está contra eso. Llega, después, a una primera conclusión apresurada: Es “el sistema” –sea lo que sea eso- lo que está mal. Luego, hay que ser antisistema. No se detiene a pensar que, tal vez, nuestra sociedad también tenga un lado bueno, que haya cosas en las que hayamos avanzado o mejorado y hasta que punto el tema del cambio es más delicado de lo que parece. “Estás siempre seguro, siempre en lo correcto… Por que eres joven” como dicen los Cock Sparrer –gran banda por cierto- y ya está.

La oferta ideológica no es muy amplia. El liberalismo está, en buena cuenta, descartado de antemano, ya que suele presentarse como una vulgar apología del Statu Quo y los intereses creados. El anarquismo suena demasiado ingenuo y utópico, aparte de que “el medio” anarquista resulta, con mucha frecuencia, poco atractivo. La socialdemocracia, por su parte, resulta demasiado “sabia y sensata”, demasiado prudente, realista y moderada para un joven lleno de adrenalina. El comunismo, el bolchevismo, aparece como la combinación perfecta, el grado preciso de insensatez que llama a “Asaltar el cielo” con el no menos preciso grado de realpolitik que asegura “resultados concretos”. No está de más anotar que no todos los jóvenes son idealistas enamorados que sueñan con el amor, la libertad y la justicia. También hay los que sueñan –y desde bien chiquitos- con su futuro personal y con obtener su pequeña cuota de poder… Y también el tío Lenin tiene algo que ofrecer a los ambiciosos.

Está el hecho de que, finalmente, en el barrio o la facultad “son ellos los que la mueven”. Está el hecho de que proporciona contención, sentido de pertenencia y, last but not least, sentido de importancia o, simplemente, sentido. Pues no soy un cualquiera, estoy trabajando por la Revolución, estoy salvando al mundo. Está el hecho de que proporciona, también, una sensación de superioridad por el uso y abuso del vocabulario marxista, de términos como “dialéctica” –personalmente no sé qué es eso, “alienación” o “lucha de clases”. Todo esto tiene el tío Lenin para ofrecer.

Mi opinión personal es que el comunismo, el bolchevismo, el llamado marxismo-leninismo es una concepción del mundo fundamentalmente equivocada y estéril, un gran y trágico error. Pero no es ése el tema ni eso lo que señalo. Las actitudes a las que me refiero me seguirían pareciendo erróneas aun si yo fuera comunista. “Nunca demos una cuestión por agotada, consideremos siempre todos los puntos de vista” escribía Proudhon en un su célebre carta a Marx. Una concepción social, política y económica no puede adoptarse como una religión, por un acto de fe. Aunque los motivos profundos y los ideales a los que se aspira sean sentimentales –una sociedad mejor, un mundo mejor- los medios deben ser racionales y no podemos estar seguros de que nuestra postura sea la correcta si no hemos considerado todos los puntos de vista.

El señor Marx era un señor muy culto y muy inteligente pero era un ser humano y, como tal, podía equivocarse. Y equivocarse en grande, además, de cabo a rabo. De hecho, esos son los que más se equivocan. Una vez más, considerar todos los argumentos, todos los puntos de vista y recordar que las ideas pueden refutarse pero los ideales no.