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Caminar por la ciudad en medio del acoso callejero

(Por Camila Rodríguez) “Soy Cristina, tengo 24 años, una vez cuando venía caminando de la facultad, un desconocido me agarró de las nalgas, yo grité, le puteé, ahí me soltó y corrió” parece historia común, pero las calles de Asunción son un constante peligro para las mujeres, ya sea por la inseguridad a causa de los ladrones o por el mismo hombre con corbata que piropea por las calles, manosea sin consentimiento o persigue por cuadras con persistencia para llevarte a un telo.

“Hola, soy Vero y tengo 22 años. Una vez de noche cuando estábamos en la parada con una amiga para ir a la facultad un auto desconocido para frente a nosotras y nos re insiste en que nos subamos, nos decía que iba a llevarnos y volvió 3 veces más para preguntar si estábamos seguras de no querer ir con el!”.

Cuando hablamos de acoso callejero nos referimos a los silbidos, comentarios sexualmente explícitos o implícitos, masturbación pública, manoseos, entre otros, que son victima cotidianamente las mujeres. Es la forma de violencia más común y normalizada que una mujer vive y en nuestro país es la menos legislada.

En Paraguay la violencia culturalmente más aceptada es el acoso callejero, no diferencia edades ni clases sociales y la mayoría de los hombres promedio no lo dimensionan como violencia.

“Soy Vanessa, tengo 23 años, una vez caminando en la costanera un policía empezó a gritarme guasadas y seguirme, como estaba demasiado cerca y tenia tanto miedo que agarre una piedra y le tiré, no le acerté pero se asustó y dejó de seguirme”.

En una encuesta realizada en 2016 por Guadalupe Acosta, miembro de la Plataforma Universitaria Feminista (PUF) movimiento que ofrece un espacio seguro y busca la reivindicación de los derechos igualitarios, donde participaron 1.058 mujeres, cuatro de cada diez entrevistadas afirmaba que teme ser víctima de acoso o violación sexual cada vez que debe transitar por la vía pública.

El 71,5% de las encuestadas evita transitar a pie por la calle. 937 mujeres afirmaron que sufrieron acoso callejero. Un 40,7% manifiesta que alguien le siguió por la vía pública y 41,5% admite que elige cruzar la calle, entrar a un negocio o incluso correr para perder de vista al agresor.

“Soy Renata, tengo 19 años. Una vez iba caminando por el barrio cuando un señor en un auto paró a hablarme e insistió varias veces en que me suba al auto. Cuando hablé con un policía de la zona, me dijo que la solución es que me movilice en auto y no caminando sola. Yo me siento harta e impotente al no poder ni salir a caminar a la calle sin sentir miedo y tener que darme la vuelta cada 5 minutos para ver si alguien me sigue”.

El 28,3% de las mujeres afirma que su integridad física o psicológica fue amenazada tras responder la agresión del acosador. Un 40% de las participantes fueron manoseadas en la vía pública alguna vez.

“Soy Patricia, tengo 19 años, casi todas las veces qué pasó para ir a la facultad por la parte donde están los policías me gritan y silban, me es más seguro pasar por donde está el señor durmiendo en la calle que por la otra vereda donde están todos los policías”.

En una sociedad tradicional y machista donde las mujeres asumían que el acoso callejero es el precio que hay que pagar por ser mujer y transitar sola por la vía pública y consideraban hasta algunos años un acto totalmente normal acompañado de comentarios como “No le respondas” o “No mires nomas porque puede hacerte daño”, es lo que hoy en día va cambiando con la llegada y evolución del feminismo en el país que anima a las mujeres a no solo manifestarse, sino también a luchar para re-educar a la sociedad en la cual vivimos, dando así esperanza y un marco de seguridad a toda una nueva generación de mujeres.