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Manos a la obra para enfrentar el cambio climático

(Lucy Aquino, Directora País de WWF-Paraguay) Como cuarto exportador mundial de soja, sexto de carne y con muchas otras oportunidades de producción, Paraguay ha ganado un lugar preponderante entre los países en desarrollo con un alto potencial de producir alimento, energía y otras materias primas, especialmente para la exportación. Hasta ahora, la producción nacional ha tenido un impacto significativo en la naturaleza, pero lo fundamental es que tenemos la posibilidad de cambiar la historia si se cumple con los compromisos que asumimos como país al firmar el Acuerdo de París.

El Paraguay ha sido uno de los primeros países en ratificar el documento, aun antes que la Unión Europea, y esto es un paso muy importante que indica voluntad política. La decisión nos genera un optimismo mesurado ya que tenemos ecosistemas muy afectados, pero que aún pueden ser desarrollados de manera sostenible.

[quote]Tenemos en el Chaco a uno de los bosques tropicales secos más grandes del mundo, catalogado al mismo tiempo como uno de los frentes de deforestación más activos del planeta[/quote]Por un lado está el Bosque Atlántico, en el que queda aproximadamente 13% de la superficie boscosa original; afortunadamente, sus suelos son de una fertilidad impresionante y es totalmente viable plantear esquemas de restauración dentro de un plan que equilibre producción y conservación de áreas naturales.

Por otro lado, tenemos en el Chaco a uno de los bosques tropicales secos más grandes del mundo, catalogado al mismo tiempo como uno de los frentes de deforestación más activos del planeta. Pero nuestro Chaco aún está a tiempo para desarrollar programas de ordenamiento del territorio logrando preservar su biodiversidad y su clima, y a la vez asegurar la actividad productiva sostenible.

Los paraguayos aún tenemos deudas pendientes con comunidades vulnerables, urbanas y rurales, y con los pueblos indígenas, con sus derechos hasta ahora sin un enfoque multidisciplinario que incluya: educación, salud, albergue, seguridad alimentaria, energía y con problemas de tierras sin resolver, y sin que como estado y sociedad hayamos resuelto sus problemáticas. En esta semana, en Marrakech, se presentó el sistema hacia la implementación de este acuerdo para las naciones, y lo que se espera de Paraguay es la realización del compromiso asumido al ratificar el Convenio.

Este compromiso consiste en acciones entre las que se encuentra la inversión pública en un mejor sistema de distribución de nuestra energía limpia, sistema que aún está limitado a pesar de tener la hidroeléctrica que produce mayor energía en el mundo. De este sistema de distribución adecuada, todos esperamos que pueda permitir que la energía eléctrica sustituya de manera significativa a la madera, que sigue siendo utilizada como fuente primaria de energía en el país.

Se espera que todos -sector público, privado y sociedad civil-, sigamos dedicados a la protección de los últimos remanentes forestales del Bosque Atlántico y se promueva la restauración de corredores que devuelvan al bosque sus servicios ambientales: su biodiversidad, su agua potable, sus sumideros de carbonos, y que se respeten los derechos de los pueblos ancestrales consagrados en las leyes.

El desarrollo en la Región Chaqueña es muy acelerado, los mercados demandan más y mejores productos y los agentes financieros dan facilidades muy importantes. Desde la sociedad civil, esperamos que el sector público nacional, regional y local lidere a todos los actores interesados en construir un programa de uso sostenible para el Chaco, que tenga en cuenta los tres pilares de la sostenibilidad: economías viables, ambiente saludable y equidad social.

Que las conversiones de uso de suelo se hagan con una planificación adecuada y munidos de un sistema de control que asegure que se cumplan las leyes ambientales. Si no tomamos estas precauciones seguirá prevaleciendo la tendencia a la disminución de nuestro capital natural y a la reducción de su capacidad de resiliencia, con lo que se tendrá tierras menos aptas y costos cada vez mayores para sostener la producción y, eventualmente, empresas migrando hacia otras regiones.

Y por último -pero no menos importante- esperamos que el país sea considerado el lugar donde todos podamos vivir en armonía, respetando nuestras características y limitaciones, calculando y reconociendo las externalidades en la producción y, sobre todo, asumiendo que este derecho al uso de los recursos naturales es condicional, que debe ser entendido como una inversión que hacemos para lograr una vida digna y la preservación de dichos recursos para las generaciones venideras.