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La mítica ura paraguaya hace su aparición en los techos de las casas. Los niños juegan y en una imprevista acción el bicho se posa en la espalda de una niña. No fue un acto de simple contacto, el insecto dejó sus huevos en el cuerpo de la criatura que hasta el momento no dice ni siente nada por la euforia del juego.

Pasan los días y una esfera empieza a aflorar del cuerpo de la niña. Los dolores empiezan y las molestias ya no solo son de parte del infectado, también la familia toma sus precauciones y los procesos de visita al doctor, diagnostico, para pasar al final a extirpar al parásito.

El hecho pasó sin revuelo de la prensa. Nadie se hizo eco de la muerte de las crías del insecto. Los doctores no se enfrentan a dilemas éticos sobre el complicado fenómeno de la existencia y la iglesia no sacó postura alguna, el hecho solo pasó.

Cambiemos personajes. Un hombre se encuentra sentado en la esquina de una plaza observando a los niños jugar. Visualiza a una pequeña que no supera los 10 años de edad y a culminar el juego se acerca a ella abusando de ella sexualmente ¡Terrible!

La niña empieza a sentir cambios en su cuerpo y alerta a sus padres, acto seguido cuenta lo sucedido unos días atrás. Los protocolos de estos casos hacen su aparición. Los doctores son visitados, los diagnósticos son dados y el veredicto es que la criatura está embarazada.

Inicia la gran diferencia. La prensa se hace eco y el debate empieza a formar parte de las rondas de tereré mañaneros. Los doctores abren temas complejos como la realización o no del aborto y la iglesia empieza su discurso del momento del inicio de la vida.

[quote align=’left’]La decisión a tomar queda en manos del propietario, la persona que tiene alojado el parásito que toma recursos de su propiedad sin autorización con el fin de beneficiarse solo él y causando dolores que no hacen más que dificultar el actuar normal del portador.[/quote]Los elementos son iguales. Un portador de corta edad, un ser vivo dentro de un cuerpo y la decisión de matar o dar luz a la vida dentro del cuerpo del infectado ¿por qué las cosas son tan diferentes? ¿Por qué tanta movilización en un caso y en otro no? ¿Discriminación?

Tomando las cosas desde la óptica fría y sin lados románticos, podemos decir que es definitivo el hecho que los dos seres vivos son unos parásitos incrustados en otro que les sirve de alimento. Los dos dentro de una propiedad de la cual están usando recursos para su subsistencia sin el consentimiento previo del propietario.

La decisión a tomar queda en manos del propietario, la persona que tiene alojado el parásito que toma recursos de su propiedad sin autorización con el fin de beneficiarse solo él y causando dolores que no hacen más que dificultar el actuar normal del portador.

A no ser que se trate de cariño hacia el parásito por parte del propietario, no existe otra justificación que explique la permanencia del ser vivo en la propiedad del otro ser vivo, la conclusión es que si molesta al dueño del cuerpo, este puede liquidarlo cuando él lo desee, sin importar que haya pasado un día u ocho meses.

No tengamos miedo a promover la libertad de matar a parásitos no deseados de cuerpos de seres vivos. No tengamos miedo a pronunciar la palabra aborto como pronunciamos extirpar. Demos el paso de libertad y dejemos a la gente abortar en paz.