Conciertos

Black Sabbath En El Estadio Único De La Plata: Pesos Pesados y K.O.

(Por Juanjo Galeano) Lo confieso: tenía dudas sobre Black Sabbath.

Con la ya conocida y delicada condición de salud de Tony Iommy, la re-caída de Ozzy en el alcohol y la ausencia de Bill Ward se habían producido ciertas vacilaciones sobre la capacidad del legendario grupo en esta nueva gira. Pese a que “13”, disco lanzado a medidados de este año – y el primero con Ozzy, desde su expulsión de la banda hace casi 35 años – había resultado ser una gratísima sorpresa.

Pero ni bien la ya conocida sirena que anunciaba el comienzo del show en el estadio único de La Plata y cuando apenas se escucharon los primeros acordes de War Pigs, con el telón negro corriéndose para dejar protagonismo a la banda de Birmingham, todas y cada una de las dudas fueron fulminantemente eliminadas a base de golpes.

El primer golpe se dio con las primeras tres canciones. A War Pigs le siguieron unas tremendas Into The Void y Under the Sun/Every Day Comes and Goes. En el escenario una pantalla proyectaba imágenes que acompañaban correctamente cada canción. Y nada más; el resto lo hacían cuatro monstruos.

Ozzy se mostró activo y muy compenetrado con las casi 40 mil personas que llegaron hasta Capital de la Provincia de Buenos Aires. Arengando varias veces a entonar la famosa “ole, ole, ole, Sabbath, Sabbath”, el cantante pasó con nota alta su desempeño en el concierto. Se cantó todo y ni descuidó siquiera sus ya célebres poses.

El segundo golpe vino de la mano de Tony Iommy y Geezer Butler. ¡Qué lujo de dupla! Y es que todo el apabullante sonido de Black Sabbath se debe a ellos, y juntos tienen tanta química y talento como intensidad. Iommy, corto de gestos y expresiones, todo compensa con su guitarra, de donde arranca riffs y solos sin parar. Y lo de Buttler fue demoledor, su bajo literalmente golpeaba el pecho. No en vano las ovaciones más retumbantes fueron para ellos dos.

Mención aparte para Tommy Cufletos. El baterista tiene apenas la mitad de años que el resto de la banda, pero se acopla a ellos sin achicarse, y castigó sus parches con tremenda energía y muchísima precisión. Brindó un descomunal solo de batería, justo antes de Iron Man, otro tema con nivel superior en la noche.

¿Y del resto de las canciones qué se puede decir? Ozzy había invitado a los presentes a ir hasta los inicios mismos para interpretar una pesadísima y oscura versión de Black Sabbath, dejando en claro por qué son ellos los maestros y referentes máximos en la materia. Altísimos puntos para Snowblind, N.I.B. – magnifico Butler –, The End of the Beginning, la instrumental Rat Salad, Fairies wear boots, God is Dead y Children of the Grave.

Y el cierre del concierto, el knock-out musical para cualquier tipo de dudas sobre la condición actual del grupo llega con Paranoid, donde Iommy deja ver una sonrisa para el público y se marcha saludando complacido. El resto hace lo mismo.

Así pasó Black Sabbath por Argentina. Y así como Ozzy se puso de rodillas, para reverenciar primero a Tony Iommy, y ya al final a un contentísimo público, todas mis dudas y yo hicimos lo propio presentando nuestros respetos a las leyendas que pudimos ver y oír en esa memorable noche.

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