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Feliz día del héroe a Panchito, que se pasa vendiendo chicles y yuyos en los semáforos para mantener a su hermana y a su mamá; a Herminia, la señora que vende chipa en el barrio para pagar los remedios que el estado se adjudica pero que no existen; a Lucho, chófer de bus que tiene que trabajar más horas de lo establecido hasta romperse la columna por un sueldo que no alcanza; a Lidia, la señora que adeuda altos intereses en financieras pero que igual comparte sus mercaderias en la boleta del barrio; a Joel, el lustrabotas que no va a la escuela pero que llega con el pan a la tardecita; a Liz y los que siguen preguntándose ¿qué pasó en Curuguaty?; a Fabián, por recibir puteadas y pasar noches en comisarias defendiendo tierras indígenas.

Más de 140 años pasaron del mayor genocidio sud-americano.

¿Pero acaso ese Panchito de 9 años ofreciendo su chicle a 200gs en semáforos sabe que mataron su gen de niño? Paraguay, sigue despidiendo héroes al olvido. La muerte aguarda tras las cortinas de progreso y libertad, en donde es culpable -según medios de HC y hasta Intendentes- quien no tiene oportunidad. La exclusión también ocasiona muertes. Más, la exclusión “a propósito”, provocada por proyectos que -supuestamente- traerán ganancia, y que también ocasionarán mentiras-muertes futuras del “gen”.

¿Vencer o morir? Yo no creo en el día de los héroes. Pero cada tanto, bajo nuestro calor de guerra, me cruzo con algunos por la calle, entre terererazos, lanzazos, titulares de mierdos (medios de mierda), políticos de porqueria, balazos, y motochorrazos.

[title]Ni Triple Alianza, ni Guerra Grande, fue un genocidio[/title]

El 1 de marzo se conmemora el Día de los Héroes en Paraguay, recordando sobre todo entre todos al “máximo ejemplar”, al Máriscal López, según la historia de la Guerra de la Triple Alianza (y lo que cuentan historiadores, aunque aún siguen en guerra para ponerse de acuerdo), murió haciendo frente a los invasores junto a los últimos hombres -niños, y mujeres- del ejército paraguayo. Por el otro lado, el Imperio del Brasil y Argentina quedaron ahogados por los intereses de los préstamos que la Corona Británica tuvo a bien en concederles para sufragar los elevados costos del derrame de sangre y muerte de “gen” (sí, también asesinaron niños aún no nacidos).

En el área del Río Aquidabán dentro del Parque Cerro Corá (Paraguay) se hizo la lápida más grande e importante del Máriscal  López con su guardia de honor.
En el área del Río Aquidabán dentro del Parque Cerro Corá (Paraguay) se hizo la lápida más grande e importante del Máriscal López con su guardia de honor.

George G. Petre, diplomático británico, escribió que la población del Paraguay fue “reducida de cerca de un millón de personas bajo el gobierno de Solano López a no más de trescientas mil, de las cuales más de tres cuartas partes eran mujeres”. Enrique Cesar Rivera, en “José Hernández y la Guerra del Paraguay” escribe: “Al comenzar esta (la guerra) contaba el Paraguay con 1.500.000 habitantes cuando concluyó, quedaban 250.000 viejos, mujeres y niños de corta edad, y solo ruinas de una economía floreciente”. Abelardo Ramos sostiene una idea similar: “Si al comenzar la guerra el Paraguay contaba con 1.500.000 habitantes, al concluir la farsa criminal vagaban entre las ruinas humeantes 250.000 niños, mujeres y ancianos sobrevivientes”.