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Syd Barrett: o cuando dios era el alma de Pink Floyd

“La historia -con él- cambiaba cada cinco minutos” había dicho David Gilmour el reemplazante de Syd Barrett en 1968. La chispa de la increíble banda Pink Floyd será recordado eternamente por ser un alma complicada pero querida de la música.

El letrista y compositor de la banda tan sólo fue parte de ella por 3 años, sin embargo, creó canciones como Terrapin, Octopus, See Emily Play, Arnold Layne, Interstellar Overdrive, Astronomy Domine, Flaming, entre otras. Luego de su muerte, varios ex compañeros de banda confirmaron que «la maldición» de Syd Barrett los perseguía, es así que se tienen las más grandes creaciones lisergicas y psicodélicas en su nombre, a nombre de alguna leyenda olvidada, una especie de dios antiguo «dominado por la mente».

“Lo que era muy bueno era la forma en que permitía que el ritmo y las letras se juntasen de un modo que era poético y musical”, señaló Waters en varias ocasiones sobre las composiciones de Syd.

Desde adolescente Syd se diferenciaba del resto de los mortales en creatividad artística, a los 16 se interesó en el arte de pintar, poco después conoció a Roger Waters y comenzaron a tocar juntos.

El desenfreno de los 60’s y el alto consumo de LSD fueron parte de su carrera como artista. Fue tal el abuso que reveló la psique del letrista para crear “Baby Lemonade”. Los delirios místicos de la misteriosa y aguda mente de Syd, mezclados con el boom del momento, «los viajes», desencadenaron en un túnel que vio al artista alejarse de su arte.

Pink Floyd no hubiera sido lo mismo sin él, el resto de la banda decidió continuar pero consagrarlo en cada momento, en especial en la canción Shine on You Crazy Diamond, una especie de tributo atemporal a Syd.

La banda decidió expulsarlo luego de fatales desenlaces durante los conciertos pero le rindió múltiples homenajes dejando así plasmada su esencia en todas y cada una de las canciones. Aunque, muy poco se sabe de si Syd recibió o no las regalias por los hits que sucedieron a sus obras.

Año después de ser expulsado, en 1969 Syd contactó a EMI para grabar un disco como solista, estrenó el disco “The Madcap Laughs” donde se reflejaba a un Barrett delirante. A pesar de aquello, el disco es una obra maestra, inspiró a músicos como David Bowie y John Frusciante. Después con su segundo disco llamado “Barrett”, la manera de trabajar fue mucho más diferente y quedó casi como obra postuma, algo así como «The Endless River» versión solista.

Pink Floyd. Roger Waters, Nick Mason, Syd Barrett and Rick Wright. (Photo Getty Images)

Con el fracaso del impacto del segundo disco Syd regresó a Cambridge para intentar formar una nueva banda pero no lo logró, terminó aislándose en la casa de sus padres y volvió a su primera pasión que era pintar, creando una buena cantidad de cuadros abstractos.

En el 2006, el músico falleció a los 60 años como consecuencia de una diabetes crónica y complicaciones por su cáncer de páncreas. Los fans del músico adquirieron todo lo que pudieron de él, absolutamente todas sus pertenencias fueron subastadas, desde las cortinas de su habitación, libros hasta sus cuadros.

Syd murió sin saber lo amado y admirado que era, siendo uno de los pocos músicos que, literalmente, arrasó e inspiró las mentes de varias generaciones de músicos, artistas, y fans.