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Asunciónico 2019: Un atrevido Lenny Kravitz eclipsó la segunda noche

La segunda fecha del Asunciónico 2019 culminó con mezcla de sudor, gotas de lluvia, y el salpicón rock de Lenny Kravitz, que será lo más memorable hasta la próxima edición del megafestival anual de G5.

Es cierto, los headliners que compartían la segunda noche como Interpol, Los Snow Patrol, Twenty One Pilots dieron shows desde las mismas escuelas de megaproducción y tours globales, pero la experiencia en años de Lenny aún tiene mucho que enseñar a las nuevas generaciones.

Fotografía: twitter @asuncionicopy

Más de 25mil personas disfrutaron del evento en su segundo día. El glamour, lo ponía la música, pero la guerra de outfits estaba marcada por el pilotín antilluvia y las botas aislantes de humedad y barro.

Fotografía: Male Bogado.

Fans se hacían camino al andar hacia los escenarios, como una caravana poseída por los sonidos, que ese día mezcló todo como una dulce ensalada fiestera, sonó de todo: techno, reggae, trap, hip-hop, pop, rock, lo fijo es que sonaban las manos y las gargantas.

Fotografía: Male Bogado.

La música se apoderó del Espacio Idesa más allá de los truenos que amagaban una guerra climática, ese desafío a la naturaleza enmarcado por los megafestivales imbuidos solamente por sus propios ídolos con su horda fan, a quiénes poco y nada les importa si hace calor, frío, cae nieve, o se inunda toda la ciudad -total, el barco de energía viva salva a todos desde los parlantes-.

Uhh Baby, suena a coro pero en realidad es nombre de la agrupación local que apuntó las guitarras eléctricas a buen puerto para desafiar a la tierra mojada de tremendo recinto conciertero.

Tal favor, sirvió de bienvenida a los miles de ingresantes para acomodar el alma y los sentidos ante todo lo que se venía: Kungs, Deliverans, Cuarteto de Nos, y Paulo Londra.

Fotografía: Male Bogado.
Fotografía: Male Bogado.

El indie llegó a su auge con la presentación de Interpol, que compartía público con Snow Patrol, ya las energías se autocargaban en vasos de espirituosas frías a esas horas bajo las nubes que tapaban la luna asuncena. Twenty One Pilots hizo lo suyo desde las 22hs, posiblemente el show más visual en puesta en escena del Asunciónico, que solamente potenciaba la excelencia músical de los artistas.

Fotografía: Male Bogado.

Luego ya llegaba la hora de acomodar el cuerpo, para luego desacomodarse por completo de este universo y entrar al otro, al del goce entre artistas con su público.

Fotografía: Male Bogado.

Entre tanta gente, existía gente muy apretada de espacio que también quería llegar al frente mismo del escenario, llevarse el recuerdo más cercano posible de Kravitz. Y qué recuerdos. Uno de los mejores artistas internacionales que se presentaron en el país, que podría marcar un hito luego de aquel show tan emblemático de Lady Gaga con su conexión natural -gracias a la experiencia- con la gente.

Fotografía: Male Bogado.

Lenny Kravitz, quién dijera alguna vez «No pienso en ser innovador, sino en ser yo mismo», llegado del Lolla directo al Asunciónico con disco nuevo consigo (Raise Vibration). El estadounidense de 54 años arrancaba su show de manera repentina, sin tantas vueltas, como el amor a primera vista.

Claro que sonaron los hits American Woman, Can’t Get You Out of My Mind, Fly Away y Are You Gonna Go My Way, pero cabe destacar su actuar cuando él mismo irrumpía su show para saludar a la gente, pasar la mano, abrazar a un bebé, sobre todo, poder disfrutar de un público ávido de expresiones artísticas más allá del mero concierto, es ahí donde un frontman como Lenny se hace sentir, no cualquiera te mueve las manos de 25mil personas en una noche para los lados que él quiera. 30 años de experiencia desnudaban la pasión por el éxtasis musical.

Fotografía: Male Bogado.

De remate, luego de extasiar a todos los presentes, se despidió como un gran iluminado desde los aires mismos del memorable Woodstock: «Paz y Amor». El mensaje en redundancia del artista americano entre tema y tema, aplausos y temas, temas y aplausos.

Seguían de madrugada, aprovechando el destilar de hormonas y vibraciones, Steve Aoki y los Villagrán Bolaños. Tanto el internacional como los locales con experiencia firmada en este suelo, reconfirmada por aquellos miles que seguían saltando en el barro como si este no existiese, como ese momentum donde no importa nada -dame todo-. Como esos recuerdos memorables de un festival incandescente ya incrustado en la memoria de decenas de miles que pasaron por el barro, perdieron calzados, celulares, pero encontraron la fuente en medio del desierto entre abrazos, sudor, piel, gritos, sonrisas, momentos con la manada de la cual forman parte, y donde no importa quién sos sino cuan alto saltas para romper el piso.

Esa noche, el espacio Idesa hizo temblar las placas tectónicas, posicionando al Asunciónico como el mayor festival anual realizado en un país con poco apoyo a la cultura, las artes y las humanidades, salvo por el sector privado.

¿Y ahora, a dónde nos vamos a saltar? Es que solo queremos que tiemble el piso. Hacernos uno con la vibración.